A través de Marco Rubio, Miami va a la conquista de Cuba (caiga quien caiga)
"La voz de Hind Rajab": estreno del documental en México
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Estrenan el documental “La voz de Hind Rajab”
Hace dos años, nos estremecimos y desesperamos con los llamados de auxilio de Hind Rajab, una nena de 6 años que huía con su familia de los bombardeos israelíes en Gaza, fueron atacados por tanques y mataron a todos menos a ella. Logró pedir ayuda a la Media Luna Roja Palestina, escuchamos su voz, enviaron una ambulancia… pero asesinaron a Hind y a quienes intentaron salvarla. Lo conté aquí mientras ocurría y después expliqué que los medios occidentales lo reportaron… con dos semanas de retraso.
El documental “La voz de Hind Rajab” ganó el Premio del Jurado en Venezia y está nominado a los Globos de Oro y a los Oscar.
Este jueves 12 de febrero lo estrenan en Cineteca Nacional y otros cines (mira la cartelera aquí).
A través de Marco Rubio, Miami va a la conquista de Cuba (caiga quien caiga)
Por Témoris Grecko
Viajé a Cuba a tiempo para llegar a Santiago al evento del 50° aniversario del triunfo de la Revolución, el 1° de enero de 2009. No hizo una gran diferencia porque los miles de visitantes tuvimos que verlo por televisión, ya que el acceso al histórico Parque Céspedes, donde se realizaba el acto, fue exclusivo para invitados. La mayor parte del contingente extranjero estaba compuesto por rioplatenses guevaristas, una parte de los cuales intentó ganarse la entrada con manifestaciones, pero la fuerza pública les recordó que no estaban en Argentina y que en Cuba uno no anda improvisando protestas por su cuenta.
Raúl Castro —entonces de 77 años— y sus compañeros de combate no parecían estar celebrando. Barack Obama acababa de ganar la Presidencia, le faltaban días para tomar posesión, era carismático, de origen afro y además adelantaba un acercamiento a Cuba que la población interpretaba como el fin del bloqueo, la recuperación casi inmediata de la economía, la posibilidad de ir y venir con libertad a Estados Unidos y en fin, mucha cosa buena. La vieja guardia revolucionaria sintió no alivio, sino amenaza, y en los discursos advirtió a la juventud heredera de la rebelión de Sierra Maestra que no se dejara seducir por promesas engañosas.
Obama solo cumplió parcialmente (y de manera efímera, porque su sucesor, Donald Trump, desbarató sus avances en cuanto llegó al poder). Lo bloqueó, desde el Partido Republicano, la agresiva resistencia que opuso el poderoso lobby del exilio cubano de Miami, que el año siguiente logró ganar el escaño senatorial de la Florida con su cachorro consentido, Marco Rubio, hoy secretario de Estado de Trump.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha ido más allá del endurecimiento de su primer mandato al incrementar la presión sobre la isla. Esto podría estarse dando a tono con el descarado rompimiento de leyes internacionales y convenciones de la política exterior con la que Trump está descarrilando el hemisferio. Pero en el caso de Cuba es más acentuado porque Marco Rubio y sus aliados están impulsando sus intereses particulares, sin que parezca importarles destruir las vidas de la gente a la que dicen querer salvar.
Como ejemplo negativo, Rubio tiene el de Venezuela: su jefe se contentó con montar el espectáculo bélico del secuestro del presidente Maduro y su esposa, y con arrancarle concesiones económicas al régimen a cambio de no intentar derribarlo ni proseguir con la campaña de raptos.
En Miami no quieren puntos intermedios, van por todo. Y para eso, a través de Rubio, están dispuestos a engañar al propio Trump para crear un escenario extremo en el que no haya más salida que el derrocamiento económico o militar del régimen.
A riesgo de repetir el épico desastre de Bahía de Cochinos (Playa Girón para los cubanos).
El trumpismo según Marco
La transformación radical de la política estadounidense para Cuba en el último año, alejándose de las dinámicas transaccionales acostumbradas para convertirse en una misión existencial y profundamente personalizada, no es otro subproducto de la agenda “America First” de Trump, sino el resultado de la autonomía estratégica que ha asumido Rubio en el Departamento de Estado.
Se la ha otorgado un presidente conocido por su escasa disponibilidad para prestar atención y su cada vez menor tiempo de trabajo diario, al que Marco Rubio está engañando, según revela una investigación de Drop Site News.
El 1° de febrero, Trump dijo a la prensa: “Estamos hablando con la gente de Cuba, las personas más importantes de Cuba, para ver qué pasa. Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba”. El gobierno cubano ha insistido en su disposición a dialogar y hacer concesiones que no pongan en entredicho la soberanía nacional. Las palabras de Trump y el antecedente de Venezuela hacen pensar que no es imposible una solución de compromiso que le permita al presidente estadounidense anunciar otra victoria a cambio de suspender el bloqueo petrolero, entre otras medidas asumibles por él.
El problema es que no están hablando con Cuba, confirmó el portal de periodismo:
«En cuanto a las afirmaciones de Trump sobre esas conversaciones, resulta que no miente. Al contrario, según fuentes a Drop Site, le mienten. ‘Dice eso porque eso es lo que Marco le dice´, declaró un alto funcionario de Trump, refiriéndose a un esfuerzo interno del secretario de Estado, Marco Rubio, para hacerle creer a Trump que Estados Unidos y Cuba están en negociaciones serias sin haberlo hecho nunca. La idea, según la fuente, es que en unas semanas o meses, Rubio pueda alegar que las conversaciones fueron inútiles debido a la intransigencia cubana. Con las vías de escape diplomáticas bloqueadas, la visión de Rubio de un cambio de régimen sería la única vía para una administración reacia a dar marcha atrás en cualquier asunto.
Al ser cuestionada sobre si Rubio estaba engañando a Trump al respecto de conversaciones que no se estaban llevando a cabo, la oficina de prensa del Departamento de Estado se mantuvo firme en su afirmación de que dichas negociaciones sí se estaban llevando a cabo, remitiendo el comentario de un funcionario de la administración: ‘Como declaró el presidente, estamos hablando con Cuba, cuyos líderes deberían llegar a un acuerdo. Cuba es una nación en crisis cuyos gobernantes han sufrido un revés importante con la pérdida del apoyo de Venezuela y el cese del envío de petróleo por parte de México’. El comunicado no ofreció ninguna prueba de que las conversaciones se estuvieran llevando a cabo, no nombró a ningún funcionario participante, no indicó las fechas de las reuniones ni identificó el lugar donde supuestamente se estarían llevando a cabo.
Confundidos funcionarios cubanos insistieron a Drop Site en que no había tales conversaciones en marcha en ese momento, pero que estaban ansiosos por que comenzaran.»
Rubio opera como arquitecto intelectual y ejecutor de lo que Trump —que a todo le pone su nombre— llama la “Doctrina Donroe”, una fusión entre la histórica Doctrina Monroe y el nacionalismo económico del siglo XXI. En Cuba, esta política se caracteriza por un uso exhaustivo del poder financiero y jurídico de EEUU para provocar el colapso terminal del Estado, una estrategia que Rubio impulsa con una determinación que trasciende el interés nacional para adentrarse en el terreno de la obsesión personal y el servicio a redes de poder específicas del sur de la Florida.
A diferencia de sus predecesores, Rubio traduce las aspiraciones neoconservadoras tradicionales —dominancia estadounidense, cambio de régimen y proyección de fuerza— al lenguaje populista y de seguridad nacional propio de la administración Trump. Mientras que el presidente tiende a ver las relaciones internacionales a través del prisma de la negociación pragmática, Rubio blindó la política hacia Cuba bajo la premisa de que no existe espacio para la negociación con un régimen que él define como el “corazón del mal socialista” en el continente.
La Doctrina Donroe exige el rechazo categórico de cualquier presencia extranjera adversa —específicamente de Irán, Rusia y China— en la proximidad de EEUU. Bajo estas premisas, Cuba no es vista solo como un vecino ideológicamente opuesto, sino como una plataforma logística para actores extra-hemisféricos que debe ser neutralizada mediante un proceso de asfixia económica total.
El control de Rubio sobre este expediente es tan absoluto que incluso en momentos donde el presidente Trump ha sugerido la posibilidad de un “acuerdo” con La Habana, el Departamento de Estado ha endurecido las condiciones previas, vinculando cualquier alivio de sanciones al cambio de régimen que fue fijado en 1996 en la Ley Helms-Burton. Rubio utiliza su experiencia en los comités de Inteligencia y Relaciones Exteriores del Senado para tejer una red de sanciones que son estatutariamente difíciles de revertir, asegurando que su visión prevalezca más allá de los impulsos presidenciales.
Hay algo personal…
Un elemento central para comprender la política de Rubio hacia Cuba es la discrepancia entre su narrativa personal y los hechos históricos. Rubio construyó su carrera política sobre la identidad de “hijo de exiliados que huyeron de la tiranía de Fidel Castro”, una legitimidad que utiliza para justificar la severidad de sus medidas como una forma de justicia histórica. Sin embargo, sus padres migraron a Estados Unidos en 1956, cuando la dictadura de Fulgencio Batista parecía sólida, bien apuntalada por Washington y aliada con mafias estadounidenses, y casi nadie en La Habana sabía que en el otro extremo de la isla un puñado de rebeldes atacaba cuartelillos en la sierra.
Rubio se sostiene, en todo caso, sobre un discurso anticomunista visceral con el que formula políticas de dureza extrema. Para críticos y diplomáticos extranjeros, esta obsesión personal convierte la política exterior de una superpotencia en un instrumento de castigo ancestral. Rubio golpea al país de sus antecesores por una narrativa de pérdida personal que, aunque cronológicamente contradictoria, es potente en el ecosistema electoral de Miami.
…pero también es business
La política de Rubio no solo se sustenta en la ideología, sino en una red financiera de aliados poderosos que se benefician de la perpetuación del conflicto con La Habana. El interés particular de Rubio está intrínsecamente ligado a las fortunas de familias y empresarios que ven en el colapso del estado cubano una oportunidad de restitución patrimonial y dominancia económica regional.
Uno de sus principales apoyos es el de la familia Fanjul, que con una fortuna actual superior a 8 mil millones de dólares, es toda una muestra de la brutalidad de la oligarquía cubana que provocó la Revolución. Su fortuna se origina en la industria azucarera cubana, que históricamente dependió del trabajo esclavo. El abuelo y bisabuelo de los Fanjul actuales eran dueños de plantaciones de azúcar en Cuba durante el siglo XIX, cuando la esclavitud era legal y central en la producción de caña de azúcar. La esclavitud en Cuba se abolió oficialmente en 1886, pero la familia heredó y expandió negocios que se originaron en esa era de explotación brutal. La mansión familiar en Cuba ahora es un museo que documenta la crueldad de la industria azucarera durante el período esclavista, incluyendo condiciones de trabajo inhumanas como jornadas de 20 horas, hambre, golpizas y exterminio sistemático de esclavos africanos.
Han perseverado en sus prácticas, a pesar de que tuvieron que huir de Cuba y sus propiedades fueron confiscadas: abundan las denuncias de explotación laboral en sus cañaverales en Florida, donde son acusados de abusar de mano de obra de inmigrantes, y sobre todo en República Dominicana, donde poseen Central Romana, la mayor productora de azúcar en el Caribe, denunciada por trabajo forzado de haitianos y descendientes haitianos, a los que mantienen en comunidades en condiciones terribles: falta de agua, electricidad, evicciones violentas, prohibición de cultivos de subsistencia y un control paramilitar.
Estas prácticas fueron demostradas y en 2022, EEUU prohibió la importación de su producto. Pero en marzo de 2025, a semanas de que Trump y Rubio llegaran al poder, levantaron las restricciones.
Según el portal Open Secrets, en 2024, la Corporación Fanjul contribuyó con un millón de dólares a la campaña de Trump y casi 800 mil dólares a diferentes organizaciones del Partido Republicano.
Además, Marco Rubio en particular ha recibido más de 500 mil dólares en donaciones de los Fanjul, según la organización Fresno Alliance. A cambio, ha defendido los subsidios al azúcar en EEUU y el Programa del Azúcar que infla artificialmente los precios para el consumidor estadounidense, además de la política hacia Cuba.
Otro aliado estratégico es Benjamín León Jr., un empresario del sector salud que ha donado millones a Rubio y a organizaciones que promueven el cambio de régimen en Cuba. León, a través de su empresa Besilu Stables, contribuyó con 2 millones y medio de dólares a las campañas de Rubio.
Estos son dos de los más destacados aliados del secretario de Estado en la diáspora de Miami, que si logra el derribo del gobierno cubano, tendría prioridad en la inversión y la propiedad en la isla.
La coacción económica
Bajo la dirección de Rubio, el gobierno de los Estados Unidos ha desplegado un arsenal jurídico y financiero sin precedentes. La estrategia se basa en tres pilares: la designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo (SSOT), la activación total del Título III de la Ley Helms-Burton y el estrangulamiento petrolero.
La inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo es quizás la herramienta más devastadora. Esta designación bloquea el acceso de la isla a instituciones financieras internacionales y provoca un fenómeno de “sobre-cumplimiento” bancario. Incluso cuando se trata de transacciones de alimentos o medicinas —técnicamente permitidas bajo licencias generales—, los bancos internacionales se niegan a procesar pagos cubanos por temor a las multas multimillonarias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EEUU. Rubio defiende esta medida alegando que el régimen apoya a terroristas extranjeros, a pesar de que analistas independientes señalan que la designación carece de fundamentos técnicos actuales y responde únicamente a una estrategia de asfixia económica. Nunca ha presentado evidencia alguna de sus afirmaciones.
Después de que el Título III de la Ley Helms-Burton estuvo suspendido por décadas, tanto por parte de administraciones demócratas como republicanas, Rubio impulsó la activación definitiva. Esta disposición permite a ciudadanos estadounidenses demandar a cualquier entidad extranjera que “trafique” con propiedades nacionalizadas después de 1959. El objetivo no es solo la compensación, sino la creación de un entorno de riesgo legal que ahuyente la inversión extranjera de Europa y Asia. Se han presentado al menos 45 demandas contra empresas estadounidenses y europeas, lo que ha generado una parálisis en sectores clave como el turismo y la energía.
Finalmente, este 29 de enero y a instancias de Rubio, Trump firmó una orden ejecutiva declarando una “emergencia nacional” respecto a Cuba. Esta orden es consecuencia directa del secuestro de Maduro y el fin del suministro petrolero de Venezuela a la isla. Rubio aprovechó este vacío para implementar un régimen de aranceles secundarios del 30% contra cualquier país que suministre petróleo a Cuba, incluyendo a socios comerciales clave como México.
De hecho, México es el objetivo ostensible de esta medida. Al presionarlo para que detenga sus envíos humanitarios y comerciales de crudo, Washington busca paralizar por completo la generación eléctrica y el transporte en la isla. Hasta el momento, el gobierno mexicano busca soluciones diplomáticas para evitar una confrontación comercial con EEUU, con medidas provisionales como el envío de ayuda humanitaria.
Pero esta no podrá ser distribuida sin combustible.
No me salves, compadre
Aunque Rubio asegura que las sanciones y medidas están dirigidas a la cúpula gobernante, el impacto es sistémico y devastador sobre la población civil. El deterioro de los indicadores de salud y bienestar en Cuba no tiene precedentes en la historia reciente de la región.
El sistema de salud cubano, antaño reconocido por sus indicadores de nivel primario, se encuentra en un estado de “gestión de crisis” permanente debido a la falta de insumos. La imposibilidad de adquirir equipos con más del 10% de componentes estadounidenses ha dejado fuera de servicio tecnologías vitales para el tratamiento del cáncer y enfermedades renales. En 2024, el desabastecimiento de medicamentos esenciales para el cáncer hematológico infantil redujo la tasa de supervivencia de niños enfermos del 75% al 60%.
La falta de combustible y repuestos para camiones de basura ha provocado una crisis sanitaria urbana, facilitando la propagación de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue y el virus oropouche. La UNICEF y la OPS han reportado que las infraestructuras de agua y saneamiento están colapsando, con un 46.3% de la población sin acceso regular a agua gestionada de forma segura.
Además, la política de Rubio tiene un efecto particularmente severo sobre la población infantil, lo que diversas organizaciones internacionales califican como una forma de “castigo colectivo”. La vulnerabilidad de los niños no es una consecuencia accidental, sino el resultado directo de la interrupción de las cadenas de suministro de alimentos y servicios básicos.
La prohibición de ventas de productos alimenticios estadounidenses, combinada con la incapacidad de importar fertilizantes y semillas debido a las restricciones financieras, ha provocado un déficit nutricional crónico. UNICEF estima que en 2025, millones de niños enfrentaron interrupciones en el apoyo nutricional debido a los recortes de fondos y las dificultades logísticas impuestas por el bloqueo. La producción industrial de alimentos en Cuba cayó hasta el 22% de su capacidad para finales de 2025, lo que se traduce en una dieta deficiente para los menores en edad escolar.
Las escuelas cubanas enfrentan desafíos estructurales derivados de la falta de divisas. El 50% de las computadoras en los centros educativos está fuera de servicio por falta de repuestos o por el bloqueo geográfico a más de 320 plataformas educativas en línea. Además, los apagones prolongados, exacerbados por la nueva política de aranceles petroleros de Rubio, impiden la conservación de los alimentos para las meriendas escolares y limitan las horas de instrucción, afectando el desarrollo cognitivo de una generación entera.
En lo personal, Rubio lidera una cruzada para descalificar las misiones médicas cubanas como “tráfico de personas” y “trabajo forzado”. Al presionar a países del Caribe y África para que expulsen a los médicos cubanos bajo amenaza de retirar la ayuda estadounidense o revocar visas, Rubio no solo reduce los ingresos externos de Cuba, sino que desmantela sistemas de salud que dependen vitalmente de estos profesionales. Los líderes de Barbados, Granada y Jamaica denuncian que sus infraestructuras sanitarias colapsarían sin el apoyo de Cuba, acusando a Rubio de ignorar las necesidades humanitarias globales en favor de su agenda ideológica.
Marco envía “ayuda”
Frente a esta política de máxima presión, han surgido diversos movimientos que intentan aliviar el sufrimiento de la población cubana.
En tanto encuentra una alternativa para volver a enviar petróleo a la isla, la presidenta Sheinbaum informó que México está enviando barcos cargados de artículos básicos porque “no se puede ahorcar a un pueblo así”, ya que “puede uno estar de acuerdo o no con el régimen de gobierno de Cuba, pero nunca debe afectarse a los pueblos”.
Rubio ha respondido con un modelo que recuerda al de Israel cuando creó la fracasada Fundación Humanitaria de Gaza: anunció pequeñas partidas de ayuda humanitaria (9 millones de dólares en 2026) que será entregada a través de la Iglesia Católica y Cáritas porque, dice Rubio, es una forma de puentear al gobierno cubano para que los productos lleguen directamente a las parroquias locales.
En comparación, el bloqueo causa pérdidas de 7 mil 500 millones de dólares cada año.
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