Israel supera lo imaginable en brutalidad sexual contra presos palestinos
#FlotillaGlobalSumud: reporte de Violeta Núñez desde el Mediterráneo / #AtentadoEnWashington: el fracaso de Allen es quizás su inesperado éxito
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El fracaso de Allen es quizás su inesperado éxito
Conversé con Jesús Escobar sobre el intento de atentado en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, sobre las despistadas versiones de que fue un montaje y qué sentido tendría cometer un magnicidio cuando Donald Trump va de caída y arrastra a su movimiento al abismo.
Trump no es de ninguna absoluta manera la víctima de un criminal. Él es el criminal. Un megacriminal. No puede pedir empatía un hombre que carece totalmente de ella. El que presume y se carcajea porque ordena asesinatos de inocentes y se atreve a amenazar con un genocidio, con destruir una civilización.
No estoy de acuerdo con la solución que quiso encontrar Cole Thomas Allen, un profesor californiano de 31 años, al problema Trump. Porque no se trata solo de quitar del camino a Trump, sino al trumpismo, debe ser absolutamente derrotado dentro de la ley y mediante la acción política, para que sus herederos no continúen su ruta de destrucción. ¿De qué sirve darles un mártir, que quien se compara con dios ascienda a su cielo vicioso para servir de inspiración y ejemplo? Trump va en caída libre y hay que dejarlo arrastrar a los suyos al abismo.
El fracaso de Allen, por otro lado, puede haber sido su mayor éxito: porque no mató a nadie a quien puedan heroificar; porque no lo mataron a él mismo y es posible que reciba una sentencia adecuada a sus delitos, en lugar de una que se ensañe con él.
Y porque dejó un manifiesto muy interesante que lo revela como una persona dispuesta a sacrificarse por el bien común, como el que no pasa al lado de una injusticia y hace como que no la ve, como el que es capaz incluso de reírse de sí mismo y del problemón en que se va a meter, y además pedir que los chicos vayan a la escuela sin seguir sus pasos.
De su escrito, destaca lo siguiente:
-Explica que actúa porque es su responsabilidad… y sin decirlo, la extiende a sus compatriotas: “Soy ciudadano de Estados Unidos de América. Las acciones de mis representantes me involucran. Y ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”.
-Define quiénes son sus objetivos: Funcionarios de la administración Trump por rango, empezando por Trump y excluyendo explícitamente a Kash Patel (no explica por qué, pero creo que le acaba de tumbar la carrera); Servicio Secreto, solo si es necesario y de manera no letal; huéspedes, seguridad del hotel y otros no.
-Rechaza causar daños colaterales: “Para minimizar las bajas, también usaré perdigones en lugar de balas (tienen menor penetración a través de las paredes)”.
-Utilizó perdigones deliberadamente para minimizar las bajas colaterales.
-Describió la seguridad del Servicio Secreto como “una locura” y afirmó haber entrado al hotel, el día anterior, registrándose con varias armas sin ser detectado.
-Trump está diciendo que Allen odia a los cristianos. Es lo contrario: agradece a su “familia de la iglesia” y pone límites al principio de poner la otra mejilla: la pones cuando el oprimido eres tú, ponerla no cuando el oprimido es otro es complicidad: “No soy la persona violada en un campo de detención. No soy el pescador ejecutado sin juicio. No soy un estudiante que murió en una explosión, ni un niño que murió de hambre, ni una adolescente abusada por los muchos criminales de esta administración”.
-Comparte lo que siente antes de cometer el atentado: “Es horrible. Me dan ganas de vomitar. No lo recomiendo en absoluto. Sigan estudiando, chicos”.
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Reporte de Violeta Núñez desde el Mediterráneo
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Israel supera lo imaginable en brutalidad sexual contra presos palestinos
Por Témoris Grecko
La brutalidad sexual israelí contra los presos palestinos, por cuya integridad física y mental es responsable según sus propias leyes y las internacionales, ha traspasado lo imaginable.
Las horrorosas denuncias de actos sexuales extremos colocan al de Israel entre los regímenes que han practicado los peores crímenes de violencia sexual contra personas cautivas indefensas: la Alemania nazi, el régimen del apartheid en Sudáfrica, la dictadura de Pinochet en Chile y el impuesto por EEUU en Irak.
No existe en Israel, además, voluntad alguna de corregir y mucho menos de castigar estos comportamientos, como demuestran la campaña de acoso contra la exfiscal militar Yifat Tomer-Yerushalmi y el desacato abierto de órdenes de la Corte Suprema.
Antes, como señaló Tomer-Yerushalmi, se simulaba justicia para mantener la ficción de Estado de Derecho funcional y cerrar el paso a la intervención de las cortes internacionales. Eso ya dejó de importar en Israel y tanto desde el gobierno como desde la sociedad y en el mismo Parlamento se incentiva esta violencia, como cuando aplaudieron ruidosamente a soldados que fueron grabados mientras violaban a un preso.
Por atención a nuestras lectoras y lectores, en la primera parte de este artículo presento lo que están haciendo en términos generales y sus implicaciones en el contexto legal, y en la segunda, para quienes deseen conocer los hechos, amplío sobre las agresiones denunciadas.
A Israel, la justicia le da risa
La violencia contra los presos palestinos solo ha aumentado desde el 7 de octubre de 2023. Informes exhaustivos de organismos de las Naciones Unidas, organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional y entidades israelíes como B’Tselem y Physicians for Human Rights Israel (PHRI), coinciden en describir las cárceles israelíes como una red de campos de tortura.

El sistema de detención israelí se apoya en una amalgama de leyes civiles, órdenes militares y legislaciones de emergencia que se han expandido significativamente tras el inicio de las hostilidades. La Ley de Combatientes Ilegales de 2002 es el instrumento principal para la detención masiva de residentes de la Franja de Gaza, permitiendo el cautiverio sin una orden de arresto convencional por periodos de hasta 45 días antes de ser transferidos al Servicio de Prisiones de Israel. Esta ley, en sus versiones modificadas post 7-O, ha facilitado la detención incomunicada al facilitar que se niegue el acceso a asesoría legal por hasta 90 días, una medida que crea las condiciones óptimas para el ejercicio de la tortura y el maltrato sin supervisión externa.
El centro de detención de Sde Teiman, ubicado en el desierto del Néguev, se convirtió en el epicentro de esta crisis constitucional cuando la fiscal general militar, la general de División Yifat Tomer-Yerushalmi, inició investigaciones penales sobre la conducta de soldados reservistas de la unidad Fuerza 100 tras denuncias de abusos sexuales graves. La reacción política fue inmediata y agresiva: miembros del parlamento y manifestantes de ultraderecha irrumpieron en la base de Sde Teiman y en el campo de Beit Lid en protesta por la detención de los sospechosos, lo que fue interpretado por analistas como un asalto a la independencia judicial y a la capacidad del ejército para autodepurarse.
Desde el gobierno la Fiscalía fue acusada de inventar pruebas contra los soldados. Tomer-Yerushalmi respondió filtrando a la prensa el video de las cámaras de vigilancia en el que aparecen violando al preso. La reacción en su contra fue súbita y brutal, tuvo que renunciar, fue detenida mientras que los acusados, en cambio, fueron liberados, llamados “héroes” y festejados con ovaciones.
“¿Acaso no entienden que no teníamos otra opción?”, dijo Tomer-Yerushalmi. “¿Que la única manera de afrontar la oleada de procesos judiciales internacionales es demostrando que podemos investigarnos a nosotros mismos?”
El primer ministro Netanyahu, efectivamente, no lo entendió: “Este es quizás el ataque de relaciones públicas más severo que ha sufrido el Estado de Israel desde su fundación”.
Esta erosión de la autoridad legal se manifiesta también en la negativa sistémica de las autoridades a permitir visitas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y otros monitores independientes, una obligación fundamental bajo el derecho internacional humanitario que Israel ha suspendido de facto desde el inicio de la guerra.
La falta de transparencia se complementa con una política de impunidad que las organizaciones de derechos humanos consideran institucionalizada. De las más de 1,300 quejas de tortura presentadas entre 2001 y 2020, solo dos resultaron en investigaciones y ninguna en acusaciones formales, lo que constituye otro incentivo para practicarla.
Ante las peticiones de organizaciones como la Asociación por los Derechos Civiles en Israel (ACRI), el Tribunal Supremo tuvo que pronunciarse sobre la legalidad de las condiciones en centros como Sde Teiman. Aunque en septiembre de 2024 el tribunal rechazó ordenar el cierre definitivo de la instalación, emitió un fallo unánime instruyendo al Estado a cumplir estrictamente con las leyes relativas a la detención y el trato humano de los prisioneros. El tribunal enfatizó que el cumplimiento del estado de derecho es lo que distingue a una democracia de sus enemigos, incluso en tiempos de guerra extrema.
Fue ignorado. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, que está a cargo de las cárceles, respondió ordenando el endurecimiento de las condiciones y obstruyendo el traslado de prisioneros a instalaciones adecuadas, con el objeto de mantener el hacinamiento en Sde Teiman como medida punitiva.
En este ya famoso video, Ben-Gvir insiste en la pena de muerte exclusiva para palestinos: “Como alguien que les ha quitado todo, también quiero quitarles sus vidas”.
En este otro, hace un espectáculo que pretende ser gracioso con las denuncias escritas de los presos sobre malas condiciones en las cárceles.
Crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad… genocidio
Desde la perspectiva del derecho internacional, las denuncias de violencia sexual y tortura sistemática contra detenidos palestinos constituyen violaciones de normas de ius cogens que no admiten derogación bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en estado de guerra o emergencia nacional. El marco legal internacional relevante incluye los Convenios de Ginebra de 1949, la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CAT) y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI).
El Artículo 27 del IV Convenio de Ginebra establece la obligación de proteger a las mujeres contra ataques a su honor, mencionando explícitamente la violación y cualquier forma de atentado al pudor. Asimismo, el Artículo 3 común prohíbe los atentados contra la dignidad personal y los tratos humillantes. Las investigaciones de la Comisión de Investigación de la ONU han determinado que existe una base razonable para concluir que las fuerzas de seguridad israelíes han cometido actos de violencia sexual que equivalen a crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad debido a su naturaleza generalizada y sistemática.
El Estatuto de Roma define la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada y cualquier otra forma de violencia sexual de gravedad comparable como crímenes que pueden ser perseguidos internacionalmente. La documentación de incidentes donde se obliga a los detenidos a la desnudez pública prolongada, filmaciones degradantes y agresiones genitales directas se ajusta a estas tipificaciones legales. La implicación de la cadena de mando, dado que estos actos se realizan a menudo en presencia de oficiales o con su aprobación tácita, extiende la responsabilidad penal a los niveles superiores del liderazgo militar y civil.
Un desarrollo jurídico significativo en 2024 y 2025 ha sido el análisis de la tortura y la violencia sexual como actos constitutivos de genocidio bajo el Artículo II (b) de la Convención de Genocidio, que se refiere a causar “lesiones graves a la integridad física o mental de los miembros del grupo”. Expertos de la ONU, incluida la relatora especial Francesca Albanese, sostienen que cuando la tortura se utiliza sistemáticamente contra una población protegida con el fin de romper su identidad y capacidad de supervivencia social, la intención genocida se hace manifiesta. La violencia sexual, al atacar los fundamentos de la dignidad y los lazos reproductivos y sociales del grupo, se convierte en una herramienta para la destrucción total o parcial del pueblo palestino.

Un arma de guerra con propósitos definidos
La hasbará (propaganda pro-Israel) ha intentado ocultar estos abusos o hacer creer que son casos excepcionales, explosiones de ira individual de soldados que sufren por la violencia causada por “terroristas”.
El hecho de que sean practicados de manera sistémica, sin embargo, muestra que responden a una lógica operativa que busca objetivos políticos y sociales más amplios.
Los expertos en psicología forense, sociología y derechos humanos han desglosado el propósito multifacético de esta violencia.
La violencia sexual se utiliza como un arma de guerra estratégica diseñada para:
Desmantelar la identidad y la masculinidad: En el contexto cultural palestino, la integridad física y sexual está profundamente ligada al honor personal y familiar. El uso de la violación y la tortura sexual contra hombres busca generar una vergüenza paralizante que rompa la voluntad del individuo de resistir o de participar en la vida pública tras su liberación.
Como dice el informe del Monitor Euro-Med: “El sistema de tortura israelí amplía deliberadamente el círculo de daño mediante una estrategia de «guerra psicológica» que explota el gran valor que se otorga a la «dignidad» y la «privacidad» en la conciencia colectiva palestina, transformándolas de normas protectoras en instrumentos de coerción. En lugar de que la sociedad funcione como un espacio protector, se induce a las víctimas a creer que revelar el abuso sexual constituiría una segunda violación de su privacidad y de la reputación de su familia. Esto fomenta un ciclo de aislamiento emocional que desalienta la denuncia o la búsqueda de ayuda por temor a comprometer aún más su dignidad personal y familiar, ya erosionada por la tortura”.
Castigo colectivo y venganza: La Comisión de Investigación de la ONU destaca que estos actos son una forma de “venganza colectiva punitiva” tras el 7-O. Se trata de una exhibición de poder absoluto sobre el cuerpo del “enemigo” para proyectar dominación y asegurar la subordinación total del grupo ocupado.
Fragmentación comunitaria: Al filmar estos actos y amenazar con su difusión, las fuerzas de seguridad utilizan el estigma social de la violencia sexual como una herramienta de chantaje, forzando a los individuos a colaborar o simplemente asegurando que queden marginados dentro de sus propias comunidades debido al trauma y la vergüenza.
Las secuelas de estas prácticas son profundas y se extienden mucho más allá del periodo de detención, afectando no solo a la víctima directa sino a todo su entorno familiar.
Impacto Físico: Las víctimas presentan lesiones permanentes que incluyen insuficiencia renal por golpes en la espalda, pérdida de la función reproductiva por tortura genital, infecciones crónicas resultantes de penetraciones con objetos no estériles y discapacidades motoras derivadas del uso prolongado de posiciones de estrés y ataduras excesivas que han llevado incluso a amputaciones de manos.
Trauma Psicológico: El Trastorno de Estrés Postraumático en su forma más severa es casi universal entre los sobrevivientes. Esto se manifiesta en pesadillas constantes, disociación, depresión profunda e intentos de suicidio. El sentimiento de “muerte social” es prevalente, especialmente cuando la víctima siente que su dignidad ha sido irreversiblemente destruida ante su comunidad.
Erosión del tejido social: La relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, describe un “entorno tortuoso” que trasciende las paredes de las prisiones, donde el miedo constante al arresto y al abuso sexual desincentiva la participación en actividades sociales, educativas o económicas, contribuyendo al objetivo estratégico de desplazamiento y pacificación forzada de la población.
Aviso: en los siguientes párrafos presento información que puede afectar a personas sensibles.
Prácticas comunes de violencia sexual
Diversas organizaciones especializadas han presentado informes sobre el uso sistemático de la violencia sexual como forma de tortura contra los presos palestinos. Estos son algunas de las prácticas comunes. Reservo las más graves para el final.
Penetración anal con objetos contundentes: En el caso que la exfiscal Tomer-Yarushalmi intentó procesar fallidamente, soldados de la unidad Fuerza 100 en la cárcel de Sde Teiman utilizaron un escudo para ocultar la violación de un detenido con un objeto (posiblemente un palo de madera o un extintor). Esta es la evidencia más conocida de una práctica que se reporta como común. Testimonios adicionales mencionan el uso de botellas, palos y sondas metálicas introducidas en el recto de hombres palestinos de diversas edades.
Tortura con sondas eléctricas: Se ha reportado el uso de dispositivos eléctricos insertados en el ano o colocados en los genitales para administrar descargas. Un informe de UNRWA cita a un detenido que sufrió quemaduras severas en el ano tras ser obligado a sentarse sobre una sonda eléctrica caliente; el mismo detenido afirmó haber presenciado la muerte de otro prisionero debido a las infecciones resultantes de un tratamiento similar.
Violencia sexual contra mujeres: Las mujeres detenidas han denunciado violaciones vaginales perpetradas por soldados, a menudo bajo la amenaza de muerte o daño a sus familias. Los testimonios incluyen relatos de ser despojadas de sus vestimentas y pañuelos tradicionales (jiyabs), tocamientos invasivos durante registros por parte de guardias masculinos y la denegación de productos de higiene menstrual como forma de humillación adicional.
Abuso de genitales masculinos: La práctica de colocar abrazaderas metálicas o bridas de plástico en los testículos, apretándolas hasta causar hemorragias y pérdida de tejido, ha sido documentada en múltiples prisiones, incluyendo Megiddo y Ofer.

A falta de todo límite: el uso de perros entrenados para violar personas
No lo inventaron los israelíes. Pero parecía algo excepcional que se había quedado en el siglo pasado o, a lo sumo, muy al principio de este.
Según testimonios de víctimas, en los campos de concentración nazis hubo casos de uso de pastores alemanes entrenados para atacar a los prisioneros en áreas genitales o para participar en actos de violencia sexual contra mujeres desnudas por orden de los oficiales de la SS.
También el régimen racista blanco del apartheid en Sudáfrica utilizó sistemáticamente a perros como herramientas de terrorismo estatal y violencia contra la población negra, creando traumas profundos que persisten en la memoria colectiva del país.
Uno de los casos más conocidos durante la dictadura de Pinochet en Chile ocurrió en el centro clandestino de detención “La Venda Sexy” (o “La Discotéque”), operado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). La agente Ingrid Olderock fue señalada por entrenar perros específicamente para cometer violaciones contra hombres y mujeres detenidos. Estos métodos fueron documentados en el informe de la Comisión Valech, que destaca cómo la tortura sexual con animales se utilizó sistemáticamente para destruir la identidad de los opositores políticos.
Entre otros excesos del régimen estadounidense impuesto en Irak, tal vez los más conocidos son los de la prisión de Abu Ghraib, en donde los soldados de Estados Unidos utilizaban perros militares para aterrorizar, intimidar y degradar a los prisioneros iraquíes. El Informe Taguba y diversas fotografías revelaron que los detenidos eran forzados a desnudarse y eran amenazados con ataques de perros, lo que organismos internacionales calificaron como una forma de tortura y humillación sexualizada.
Expertos en derechos humanos y psicología forense señalan que el uso de animales en la tortura busca reducir a la persona a un estado de “objeto de abuso”, eliminando cualquier sentido de dignidad y humanidad a través del miedo extremo y la perversión de la relación entre humanos y animales. Estas prácticas suelen estar vinculadas a entornos de impunidad absoluta donde la violencia sexual se convierte en una herramienta política para la dominación total de un grupo.
En el caso de Israel, Al Jazeera presentó en octubre de 2024 el testimonio de Fadi Bakr, un preso liberado que, con el sonido del vuelo de los drones israelíes sobre Gaza como fondo, contó cómo a él y dos compañeros detenidos en Sde Teiman los llevaron a:
“un patio de cemento dedicado a una forma de tortura. Nos quitaron las vendas de los ojos. Estábamos agachados, de rodillas. Vinieron por uno de nosotros, lo golpearon, lo forzaron a tirarse en el suelo boca abajo. Amarraron sus manos y pies. Eran ocho o nueve soldados. Le quitaron la ropa interior. Un capitán roció algo en su trasero. Había un perro. Soltaron al perro sobre él. El perro violó al joven. Literalmente, lo violó. Violación”.
El documental “Investigando crímenes de guerra en Gaza” está disponible completo aquí.
Los autores de la investigación fueron acusados de “antisemitismo” y de hacer un “libelo de sangre”. Pero las denuncias aisladas sobre crímenes cometidos con perros contra presos palestinos han ido aumentando, hasta llegar al reciente informe del Monitor Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos, publicado el 11 de abril, que fue precedido por el del Centro Palestino para los Derechos Humanos y el de B´Tselem.

El uso de perros por parte de las fuerzas israelíes ha sido documentado como una técnica multiforme que combina la agresión física directa con el terror psicológico extremo.
Agresiones físicas y mutilaciones: Testimonios recogidos por UNRWA (la agencia de la ONU para refugiados palestinos) y Amnistía Internacional describen cómo se introducen perros en celdas o barracones para atacar a detenidos que están maniatados y con los ojos vendados. Tras su liberación, varios detenidos mostraron heridas de mordeduras profundas en extremidades y rostro, y en algunos casos, los ataques se dirigieron específicamente a los genitales.
Humillación y profanación: Otros informes detallan prácticas donde se permite que los perros orinen sobre los prisioneros que yacen en el suelo, o se les obliga a actuar como animales mientras los perros les ladran a corta distancia, con el fin de despojarlos de su humanidad básica.
Y finalmente…
Violencia sexual mediante animales: El Monitor Euro-Med y el Centro Palestino para los Derechos Humanos documentaron las violaciones de seres humanos por perros militares entrenados para realizar la penetración anal, un acto diseñado para causar el máximo nivel de humillación y trauma imaginable.
No se puede terminar este artículo sin incluir ejemplos de lo que se está denunciando. Continuar leyendo es tu decisión. Pero esto ya está documentado y es tarea de la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia realizar las investigaciones para verificar las acusaciones y procesar a los responsables, en caso de que sean comprobadas, así como para contribuir a la sustentación de una sentencia contra Israel por genocidio.
La Corte Penal Internacional ya ha emitido órdenes de aprehensión por crímenes de guerra contra Benjamin Netanyahu y su exministro de Defensa Yoav Gallant.
Los involucrados son muchísimos más.
En el informe del Centro Palestino para los Derechos Humanos, publicado en noviembre de 2025, se incluye el caso de un palestino identificado como AA, quien denuncia 19 meses de torturas, entre las que se incluyó la siguiente:
“Me trasladaron a una sección desconocida dentro de Sde Teiman. Durante las primeras semanas allí, en medio de repetidas operaciones de represión, me llevaron con un grupo de detenidos de forma degradante a un lugar alejado de las cámaras: un pasillo entre secciones. Nos desnudaron por completo. Los soldados trajeron perros que se subieron encima de nosotros y me orinaron. Luego, uno de los perros me violó; el perro lo hizo deliberadamente, sabiendo perfectamente lo que hacía, e introdujo su pene en mi ano, mientras los soldados seguían golpeándonos, torturándonos y rociándonos gas pimienta en la cara. La agresión del perro duró unos tres minutos; la represión en general duró unas tres horas. Debido a la brutal paliza, todos sufrimos lesiones en todo el cuerpo. Sufrí una grave crisis psicológica y una profunda humillación; perdí el control porque jamás podría haber imaginado experimentar algo así. Después, un médico me suturó una herida en la cabeza causada por la tortura: siete puntos sin anestesia. También sufrí hematomas, fracturas en las extremidades y una fractura de costilla”.
El informe del Monitor Euro-Med incluye testimonios como el de Amir, de 35 años:
“Estuve detenido en Sde Teiman. Nos llevaron a un grupo de detenidos y a mí a un pasillo entre las secciones y nos obligaron a desnudarnos por completo. Los soldados trajeron varios perros. Uno de ellos orinó sobre mí. Luego, otro perro me violó, penetrándome el ano de forma entrenada mientras me golpeaban. Esto duró varios minutos. Me sentí profundamente humillado y violado”.
Y el de otro palestino, A.S., de la misma edad, que dijo:
“Oíamos ladrar a los perros en la zona y, de vez en cuando, nos orinaban encima mientras estábamos encerrados en las jaulas metálicas. El shock llegó cuando me obligaron a tumbarme, y un perro se subió encima de mí e intentó penetrarme. Al principio, no entendía lo que pasaba, pero luego me di cuenta de que me estaban violando. Estaba completamente desnudo, sin ropa. Sentí los fluidos del perro en mi cuerpo. Intenté resistirme, pero estaba esposado y el espacio era tan reducido que no podía moverme. Dos de ellos me sujetaban con fuerza. Esto duró entre tres y cuatro minutos”.
Otros medios de comunicación e investigadores están publicando en estos días más testimonios o, como el israelí Shaiel Ben-Ephraim, confirmaciones por parte de exguardias de Sde Teiman.
“Hablé con dos guardias en Sde Teiman en más de una ocasión. Uno había presenciado lo sucedido y dijo que era demasiado horrible para contarlo. El otro dijo que había oído hablar de ello y que creía que era cierto. Esto sucedió. Esto sigue sucediendo. Las pruebas son abrumadoras”.
Pero si los presos palestinos no pueden librarse de este horror, para nosotros es suficiente y podemos percibir sus dimensiones.
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