Israel, en lista ONU de agresores sexuales; sionismo reclama derecho a violar como autodefensa legítima
Indignados porque denuncias palestinas ya son creídas y publicadas
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“Solo me violaron dos perros israelíes”: a los sionistas les da risa
Israel dio otro paso que lo reafirma en el exclusivo club de los mayores criminales de la historia reciente, con los nazis, los japoneses y el régimen de Pinochet: el uso de perros entrenados para violar prisioneros.
Es algo tan atroz que en Mundo Abierto, como muchos otros espacios, tratamos de proteger a nuestra audiencia advirtiendo antes de abordar el asunto para que considere si desea seguir adelante.
Pero a los sionistas les da risa. Y hacen chistes sobre ello.
En la alfombra roja, durante el estreno de la comedia israelí «The Wedding Entertainer» en el Festival de Cine de Tribeca, la “influencer” Lizzy Savetsky y el actor Elon Gold se la pasaron bien banalizando esta violencia. Gold bromeó diciendo que había sido «violado por dos perros israelíes» mientras filmaba en Israel, Savetsky respondió: «Pensaba que solo violaban a los palestinos», a lo que Gold replicó: «No, también me tocó un perro».
Savetsky subió el clip a sus redes sociales y, ante la indignación, defendió los chistes alegando que su intención era atacar lo que denominó “propaganda no verificada”contra Israel.
“La violencia sexual y el sufrimiento humano nunca deben ser objeto de burla ni minimizados”, declaró el Festival Tribeca.
Savetsky respondió: “El humor y las artes son herramientas que se pueden usar para abordar problemas reales y arrojar luz sobre ellos de una manera que haga pensar y hablar a la gente, y eso es lo que Elon intentaba hacer y eso es lo que creo que representa el Festival de Cine de Tribeca”.
Israel, en lista ONU de violadores sexuales; sionismo defiende su derecho a violar presos palestinos
Por Témoris Grecko
Como quien siente vulnerado su derecho a la violación sexual de personas indefensas, grupos sionistas han estado protestando frente al New York Times, indignados por una investigación periodística que confirmó informes y reportajes previos sobre el uso sistemático de la brutalidad sexual contra presos palestinos en cárceles israelíes.
En sus reclamos, no hay cuestionamientos a la calidad del trabajo, a los estándares metodológicos aplicados ni a la rigurosidad.
La indignación se debe a que, después de años de silenciarlo y desacreditarlo, finalmente se está creyendo lo que denuncian los palestinos.
Nada de esto es novedad. Aquí en Mundo Abierto tratamos recientemente el tema, mencionando incluso la parte de bestialismo de estas torturas. Pero antes les era fácil ignorar las denuncias o acusar de antisemitas a quienes las presentaban y amenazar a quien les prestara oídos.
Lo que no pueden soportar, porque ven cómo se les cae el mundo, es que los principales medios corporativos de EEUU ya no puedan seguir viendo sin ver las violaciones de derechos humanos tan extremas y que las presenten ante la opinión pública de un país sin cuyo apoyo Israel no se puede sostener.
Los reportes ignorables
Las cámaras de vigilancia de Sde Teiman captaron la violación sexual de un preso palestino por parte de soldados israelíes. Cuando la fiscal general militar, la general de División Yifat Tomer-Yerushalmi, inició la investigación penal, la reacción fue inmediata y violenta: miembros del parlamento y manifestantes de ultraderecha irrumpieron en Sde Teiman y en el campo de Beit Lid en protesta por la detención de los sospechosos mientras que la Fiscalía fue acusada por el gobierno de inventar pruebas. Tomer-Yerushalmi respondió filtrando a la prensa el video que demostraba el crimen. La reacción en su contra fue súbita y brutal, tuvo que renunciar, fue detenida mientras que los acusados, en cambio, fueron liberados, llamados “héroes” y festejados con ovaciones.
“¿Acaso no entienden que no teníamos otra opción?”, dijo Tomer-Yerushalmi. “¿Que la única manera de afrontar la oleada de procesos judiciales internacionales es demostrando que podemos investigarnos a nosotros mismos?”
El primer ministro Netanyahu, efectivamente, no lo entendió: “Este es quizás el ataque de relaciones públicas más severo que ha sufrido el Estado de Israel desde su fundación”.
El problema, según él, no era del sistema israelí sino de relaciones públicas.
Israelíes protestan contra el intento de la Fiscalía Militar de procesar a los violadores de Sde Teiman.
Con desdén similar, también fueron descalificados varios informes (y reportajes periodísticos) sobre el uso de violencia sexual como forma de tortura sobre presos palestinos, como el de la Comisión Especial de Investigación de la ONU, el de la organización israelí B’Tselem, el del Centro Palestino para los Derechos Humanos y el del Monitor Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos, así como el de Save The Children de septiembre de 2025, que entrevistó a niños de los que “más de la mitad” había “presenciado o sufrido violencia sexual durante su detención”.
La visibilización de los horrores
Les importaba poco hasta que las denuncias llegaron al New York Times, el 11 de mayo de 2026, a través de uno de sus periodistas emblemáticos, Nicholas Kristof. En su artículo de 23 mil caracteres titulado “El silencio que acompaña a la violación de palestinos”, documentó “un patrón de violencia sexual generalizada por parte de Israel contra hombres, mujeres e incluso niños”, perpetrada por soldados, colonos, interrogadores y guardias de prisiones. Explicó que, aunque “no hay pruebas de que los líderes israelíes” ordenen violaciones, “han construido un aparato de seguridad donde la violencia sexual se ha convertido, como señaló un informe de las Naciones Unidas el año pasado, en uno de los ‘procedimientos operativos estándar’ de Israel y en ‘un elemento importante en el maltrato a los palestinos’”.
A quienes quisieron hacer una equivalencia con el reportaje “Gritos sin palabras”, sobre violación sistemática por parte de Hamás el 7 de Octubre, hubo que recordarles que ese fue realizado por una reportera primeriza ligada a la inteligencia israelí, Anat Schwartz, que se basó en el caso de una mujer muerta, que fue desmentido por sus familiares, y quien para destacar los méritos de su esfuerzo hasbarista, dijo en una entrevista en el canal Keshet 12 que “no encontró ninguna evidencia directa de violaciones o violencia sexual”.
Kristof, en cambio, es un periodista de larga trayectoria que presenta 14 testimonios de víctimas directas.
Eso sí dolió en Tel Aviv: la hasbará puede descalificar a los organismos de derechos humanos como irrelevantes o como servidores de Hamás, pero el New York Times, propiedad desde 1896 de la familia Ochs-Sulzberger, es el medio informativo históricamente más importante para la comunidad judía estadounidense. Es mucho más difícil para los hasbaristas desacreditar sus reportes como fabricaciones del antisemitismo.
Además de que Kristof recordó a sus lectores lo que el lobby quiere que jamás tengan en mente: “Nuestros impuestos estadounidenses subvencionan al aparato de seguridad israelí, por lo que se trata de violencia sexual en la que Estados Unidos es cómplice”.
Así que fueron varios pasos más allá al arrojar en su contra la acusación más terrible de su arsenal: “es el peor libelo de sangre en los medios modernos”, tuiteó el Ministerio de Exteriores. Al hacer uso de la expresión “libelo de sangre”, encuadraba las revelaciones en el racismo más rancio, pues se refiere a la forma en que en la Europa medieval acusaban falsamente a los judíos de sacrificar a niños cristianos para obtener su sangre y con ella hacer pan ázimo, para justificar así la persecución contra ellos. Así acusaba al Times y a Kristof de antisemitismo en su variante más atroz.
“Hoy he dado instrucciones a mis asesores legales para que consideren las acciones legales más severas contra The New York Times y Nicholas Kristof”, escribió Netanyahu, “difamaron a los soldados de Israel y perpetuaron un libelo de sangre sobre la violación, tratando de crear una falsa simetría entre los terroristas genocidas de Hamás y los valientes soldados de Israel”.
A los comentaristas de izquierda les pareció una gran idea: “¡Pongan la denuncia!”, invitaron, encantados de que las evidencias de la brutalidad sexual del Estado de Israel fueran expuestas y discutidas ante un tribunal en Estados Unidos, y difundidas masivamente a su opinión pública.
Eso incluiría testimonios especialmente inhumanos de prácticas todavía más graves en Sde Teiman que por ética y justicia no es posible ignorar, pero que personas sensibles pueden encontrar insoportables.
De manera que concentro esa información en los siguientes dos párrafos, con un video intermedio.
Este es un aviso para que quienes lo prefieran, omitan la lectura hasta encontrar las siguientes líneas en negritas.
Varias personas entrevistadas por el Centro Palestino para los Derechos Humanos y por el Monitor Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos —cada organización hizo una investigación propia— reportaron haber sufrido o atestiguado violaciones por perros militares entrenados para realizar la penetración anal de seres humanos, en ocasiones bajo excitación provocada con químicos colocados sobre las víctimas. La comisión de este tipo de actos, diseñado para causar el máximo nivel de humillación y trauma imaginable, fue confirmada por dos exguardias de Sde Teiman al investigador israelí Shaiel Ben-Ephraim; fue reportada por primera vez por una víctima directa entrevistada en Al Jazeera, en octubre de 2024; y después por otra que dio su testimonio a la BBC en diciembre de 2025, refiriendo que los soldados llamaban “Messi” al animal. El 30 de junio de ese año, el soldado Elkana Federman, un participante frecuente en el canal 14 de Israel —el más cercano políticamente a Netanyahu—, se presentó en el programa HaPatriotim con su arma y su perro, de nombre Django, del que dijo que lo acompaña siempre en sus actividades militares, como en la cárcel de Sde Teiman, “donde se encargó de algunos nukhbas (apelativo para miembros del ala militar de Hamás), hizo muchas cosas”.
En el Times, Kristof también incluyó un testimonio similar: “Un periodista de Gaza compartió conmigo su relato de los abusos que sufrió tras ser detenido en 2024. ‘Nadie se libró de las agresiones sexuales’, dijo. ‘No todos fueron violados, diría yo, pero todos sufrieron agresiones sexuales humillantes y repugnantes’. En una ocasión, contó, los guardias le ataron los testículos y el pene con bridas durante horas mientras le golpeaban los genitales. Durante los días siguientes, dijo, orinó sangre. En otra ocasión, relató, lo inmovilizaron y lo desnudaron, y mientras estaba con los ojos vendados y esposado, llamaron a un perro. Con la ayuda de un entrenador que hablaba hebreo, dijo, el perro lo montó. ‘Estaban usando cámaras para tomar fotos, y oí sus risas y carcajadas’, dijo. Intentó apartar al perro, dijo, pero este lo penetró”.
La parte más extrema termina aquí para los lectores.
Para los prisioneros palestinos, continúa.
Kristof plantea, en lenguaje periodístico, lo que los informes de organizaciones presentan de manera académica:
“Una de las razones por las que estos abusos no reciben más atención son las amenazas de las autoridades israelíes, que periódicamente advierten a los presos liberados que guarden silencio, según palestinos que han sido liberados. Otra razón, según me contaron supervivientes palestinos, es que la sociedad árabe desaconseja hablar del tema por temor a dañar la moral de las familias de los presos y a socavar la narrativa palestina de detenidos desafiantes y heroicos. Las normas sociales conservadoras también inhiben el diálogo: dos víctimas me dijeron que un preso que reconociera haber sido violado perjudicaría la capacidad de sus hermanas e hijas para encontrar marido”.
En la sección de comentarios, explicó: “Puede que les haya resultado difícil leer este artículo, pero para los sobrevivientes de agresión sexual fue mil veces más difícil compartir sus historias”.
Contra la Flotilla Sumud, violencia sexual
Mientras los sionistas protestaban en Nueva York, calificando las acusaciones de violaciones sistemáticas como “antisemitas”, fuerzas israelíes asaltaron en aguas internacionales los barcos de la Flotilla Global Sumud, secuestraron a sus tripulantes y los trasladaron ilegalmente a Israel, donde los sometieron a abusos que el ministro de Seguridad Nacional Ben-Gvir presumió en videoclips.
Los activistas documentaron 15 casos de agresión sexual (incluyendo tocamientos, tirones en genitales, desnudos forzados, burlas sexuales, violaciones anales y penetración forzada con un arma de fuego). La mayoría ocurrió en un buque israelí convertido en prisión improvisada (con alambre de púas y contenedores), al que llamaron “el barco de la tortura”.
Después presentaron testimonios, evidencias médicas (fracturas, traumas) y una comunicación formal ante la Corte Penal Internacional (CPI) el 29 de mayo de 2026, acusando a comandantes militares y líderes políticos israelíes de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, tortura y actos relacionados con genocidio.
Israel, en la lista global de agresores sexuales
La indignación de los defensores de Israel no logró acallar la realidad. Tres semanas después de la publicación de Kristof, y también en Nueva York, la Organización de las Naciones Unidas incluyó a Israel, junto a Rusia, en su lista de actores responsables de cometer de forma sistemática actos de violencia sexual en conflictos armados. La decisión figura en el último informe anual presentado por el secretario general de la ONU, António Guterres.
El documento, coordinado por la relatora especial de la ONU sobre violencia sexual en conflictos, Pramila Patten, concluye que tanto las fuerzas israelíes como las rusas han estado implicadas en patrones de abusos sexuales relacionados con la guerra. Se trata de la primera vez que ambos países aparecen en esta clasificación específica, aunque ya figuraban en otros mecanismos de seguimiento de Naciones Unidas relacionados con violaciones de derechos humanos durante conflictos armados.
Entre las prácticas documentadas en el informe de la ONU figuran violaciones, agresiones físicas, descargas eléctricas dirigidas a los genitales, desnudez forzada y otras formas de violencia sexual utilizadas como método de tortura. La ONU verificó incidentes de violencia sexual relacionada con el conflicto contra 14 hombres, siete mujeres, nueve niños y una niña. En varios de estos casos, las agresiones fueron además filmadas o fotografiadas.
El informe señala específicamente a las Fuerzas de Defensa de Israel, al Servicio de Prisiones israelí —incluidas las fuerzas especiales Keter— y a la Unidad Policial Antiterrorista (Yamam) por incidentes ocurridos principalmente durante detenciones, interrogatorios y operaciones de seguridad. Las mujeres palestinas sufrieron sobre todo amenazas de violación y registros corporales humillantes, mientras que hombres y menores fueron víctimas de violaciones y graves agresiones genitales que, en algunos casos, provocaron lesiones severas sin recibir atención médica adecuada.
La ONU reclama a Israel que investigue todas las denuncias, garantice un trato digno a los detenidos palestinos y permita el acceso de observadores y organismos humanitarios independientes. Subraya además que estos abusos se producen en un contexto marcado por las duras condiciones de vida y los desplazamientos masivos de población en Gaza. El informe recuerda que más de 9 mil palestinos permanecen detenidos por Israel y que más de 4 mil de ellos se encuentran bajo el régimen de “detención administrativa”, una figura que permite mantener a personas encarceladas sin cargos ni juicio.
Este informe contribuye a la evidencia que estudia la Corte Internacional de Justicia en el caso contra Israel por genocidio, así como a procedimientos internacionales contra funcionarios israelíes por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
En respuesta, el embajador de Israel ante la ONU acusó a la organización de “hostilidad institucionalizada de larga data hacia Israel” y al secretario general António Guterres “de violar todos los estándares de honestidad, integridad y profesionalismo”, por lo que rompió todos los lazos con su oficina.
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