Cómo crearon Netanyahu y Trump la crisis con Irán
La lucha de la gente, atrapada en los juegos sangrientos de unos y otros
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Preludio
El descontento iraní es real…
Este es un fragmento de mi libro “La ola verde”, sobre la campaña presidencial de 2009 en Irán, el fraude electoral, la resistencia popular y la brutal represión que presencié.
En ese momento, se cumplían 30 años desde que las mujeres iraníes fueron traicionadas por la revolución y las despojaron de sus derechos. En las protestas populares, abundaban madres acompañadas de sus hijas. Madres cuyas madres habían luchado contra el régimen del shah impuesto por Washington y Londres, y que habían sufrido el empujón a un lugar inferior que les dieron los ayatolás. Madres que querían liberar a sus hijas, que en 2009 tendrían, digamos, 19 años. Y eso fue hace 17 años. Hoy deben tener 36 y siguen buscando quitarse de encima las botas de los guardianes de la revolución.
Hay gente que cree que sabe mejor que ellas lo que les conviene, lo que es mejor para Irán, y que les explica que la CIA y el Mossad las quieren utilizar, les aconseja esperar a… ¿qué? ¿A cuándo?…
Gente que les exige seguir viviendo en la sumisión contra la que sus madres les enseñaron a pelear.
Puedes descargar gratuitamente “La ola verde” en epub aquí y en pdf aquí.
…y las maniobras ocultas son evidentes
La coyuntura nos coloca en una posición muy incómoda: la República Islámica de Irán es una dictadura religiosa que oprime bajo leyes autoritarias a sus mujeres y a la población en general, está diseñada para no transformarse ni ceder ante las demandas populares y ha mostrado con sangre su disposición a masacrar a miles de personas para mantenerse en el poder; por el otro lado, Estados Unidos pretende una vez más decidir quién debe gobernar Irán —como otros países del mundo— e Israel sería el mayor beneficiario de la caída del régimen de los ayatolás, acrecentando una hegemonía construida con el descarado aplastamiento de la legislación internacional, las prácticas diplomáticas y los principios humanitarios esenciales, además de que se vería motivado a apegarse a políticas criminales que, al menos de momento, le están dando resultados.
Y no podemos ignorar que las potencias con intereses en la región, de Washington a Moscú y de Islamabad y Ankara a Riad y Doha, y de manera destacada Tel Aviv, operan en distintos niveles para utilizar el descontento social a su favor. Esto hacen en Irán como en el resto de Asia Occidental, otras partes de Asia, África y América Latina. Creer que solo hay una mano moviendo fichas es olvidar que el póker no se juega solo.
Así que no hay salidas óptimas: si el pueblo iraní derrota a los pasdarán (Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica) y cae el Líder Supremo, tendrá que enfrentar a los poderes que quieren imponer al reemplazo (como el heredero de la tiranía del shah Pahlevi), mientras Israel desbarata el país y trata de fragmentarlo como está haciendo con Siria, Netanyahu se presenta en Israel con una victoria histórica y Trump se sigue entusiasmando con sus golpes infecundos.
En todo caso, la situación presente tiene responsables muy claros, pues no son los iraníes ni hace falta indagar en la historia antigua o en archivos secretos para identificarlos.
La propaganda que culpa a Teherán es desmentida por hechos públicos y recientes. Sostener lo contrario es el mismo truco que hacen cuando dicen que en Minneapolis Renee Good y Alex Pretti atacaron a sus asesinos aunque los videos muestran todo lo contrario.
Solo hace falta un poco de la reconstrucción de hechos que presentamos en el artículo principal.
Cómo crearon Netanyahu y Trump la crisis con Irán
Por Témoris Grecko
“Una enorme Armada se dirige a Irán. Se mueve rápidamente, con gran poder, entusiasmo y determinación. Es una flota más grande que la enviada a Venezuela, encabezada por el gran portaaviones Abraham Lincoln. Al igual que con Venezuela, está lista, dispuesta y capacitada para cumplir rápidamente su misión, con rapidez y violencia, si es necesario”, amenazó Donald Trump en su red social el 27 de enero de 2026.
“Esperemos que Irán se siente rápidamente ‘a la mesa’ y negocie un acuerdo justo y equitativo —SIN ARMAS NUCLEARES— que sea bueno para todas las partes. El tiempo se acaba, ¡es realmente esencial!”, continuó. “Como le dije a Irán una vez, ¡LLEGUEN A UN ACUERDO! No lo hicieron, y se produjo la Operación Martillo de Medianoche, una gran destrucción de Irán. ¡El próximo ataque será mucho peor! No dejen que eso vuelva a suceder”.
En la narrativa de Tel Aviv, Irán es una gran amenaza que se niega a negociar y es responsable de los ataques que reciba si no acepta la rendición total.
Pero los responsables de las tensiones actuales son Trump y Netanyahu.
El diferendo con Irán estaba en vías claras de solución con un acuerdo respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU cuando, hace ocho años, Israel, con ayuda del Lobby pro-Israel, logró reventarlo y reactivar el conflicto, que sigue cobrando vidas.
La llegada al poder del demócrata Barack Obama, en 2009, y del reformista Hasán Rohaní, en 2013, permitió la inusual coincidencia de dos presidentes que querían llegar a un acuerdo, antes impedido o por los mandatarios republicanos en EEUU o por los conservadores, en Irán.
Rohaní asumió la presidencia en agosto de 2013 y en noviembre, los negociadores habían sentado las bases para un acuerdo interino que congeló partes del programa nuclear iraní a cambio de alivio limitado de sanciones. El proceso de diálogo involucró al P5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia, China y Alemania más la Unión Europea), culminando en el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por su acrónimo en inglés) en julio de 2015, estableciendo compromisos y salvaguardas que garantizaban que el programa nuclear iraní no adquiriría un carácter militar y se retiraría el boicot económico. El acuerdo entró en vigor en enero de 2016 tras la verificación de que Irán lo estaba cumpliendo.
Todo esto, a pesar de Israel y el Lobby: en marzo de 2015, Netanyahu habló ante el Congreso de EEUU, invitado por republicanos, y en agosto dio una charla en línea apelando directamente a los judíos estadounidenses para que presionaran a sus legisladores. AIPAC, la principal organización del Lobby pro-Israel, y otros grupos invirtieron 30 millones de dólares en campañas publicitarias y en cabildeo, poniendo como objetivos a demócratas indecisos como el senador Charles Schumer. Los sionistas cristianos de CUFI, el ala numéricamente más poderosa del Lobby pro-Israel, movilizaron a 2 millones 200 mil activistas para exigirles a sus representantes que votaran en contra. Solo grupos judíos alternativos, como J Street, apoyaron el acuerdo por contribuir a la seguridad de EEUU e Israel estableciendo inspecciones rigurosas de las instalaciones iraníes.
Sin embargo, tal vez por no ser amigo de Jeffrey Epstein, Obama fue menos vulnerable a las presiones que quienes sí lo eran (Clinton y Trump), y logró la implementación.
No sin pagar facturas.
Netanyahu, líder de un pequeño país que depende del apoyo de Estados Unidos para existir, había osado subir a la tribuna del Congreso a criticar la política exterior del presidente. En cualquier otro contexto, el desafío hubiera tenido consecuencias negativas, como una disminución de la ayuda económica que cada año recibe Israel de Washington.
No obstante, el Lobby invirtió la lógica: argumentaron que el acuerdo con Irán incrementaba el peligro para Israel por lo que Estados Unidos tenía la obligación moral y estratégica de compensarlo aumentando masivamente su “Ventaja Militar Cualitativa”. AIPAC movilizó a una mayoría bipartidista en el Congreso para firmar cartas instando a la Casa Blanca a incrementar la ayuda, lo que demostró que el Lobby tiene mayor capacidad de influir a través de los legisladores.
En el episodio 2 del documental “The Lobby — USA”, David Ochs, fundador de HaLev, una organización encargada de movilizar jóvenes para asistir a la conferencia anual de AIPAC, le explica a un reportero encubierto que influir en el Poder Legislativo es su principal instrumento de poder pero que “los congresistas no hacen nada a menos que los presiones. La única manera de hacer eso es con dinero”.
Además, AIPAC mostró una zanahoria que era un regalo para otro poderosísimo lobby aliado, el de la industria militar: Israel estaría condicionado a gastar el 100% de la ayuda (antes era el 73%) en Estados Unidos, es decir, en las megaempresas de armamento que también contribuyen con donaciones millonarias a las campañas de los políticos.
El comediante neoyorquino Jacob Berger, judío que se deleita en burlarse de los sionistas, publicó un sketch de 12 segundos en el que aparece como colono israelí en tierra palestina ocupada recibiendo dinero de ciudadanos estadounidenses, con el texto: “El gobierno de EEUU pide que paguemos impuestos directamente a Israel, para ahorrar tiempo”.
El gran beneficiario de este esquema, como veremos, no aparece en el chiste.
La ayuda estadounidense a Israel, Egipto, Ucrania y otros países es un subsidio de los contribuyentes a las riquísimas compañías fabricantes de armamento: con el argumento de apoyar a otros, sus impuestos se van a los bolsillos de los accionistas de la violencia. Esto es un gran incentivo para mantener los conflictos activos, ad aeternum si fuera posible. Y para generar nuevos enfrentamientos.
De manera que, con este plan, los legisladores estarían dándoles satisfacción, en un solo acto, tanto a sus patrocinadores del lobby pro-Israel como a los del Complejo Industrial-Militar.
AIPAC distribuyó informes detallados estado por estado, mostrando cómo la ayuda a Israel se traducía en empleos en distritos congresionales específicos, desde fábricas de misiles en Alabama hasta empresas de tecnología en California. Esta táctica vinculó los intereses económicos locales de los legisladores con la seguridad de Israel, creando un bloque de apoyo casi inamovible.
El Memorando de Entendimiento de 2016 entre Israel y Estados Unidos, aprobado por republicanos y demócratas, aseguró por diez años (2019–2028) ayuda militar por 38 mil millones de dólares, incrementando el promedio anual de 3 mil millones a 3 mil 800 millones.
AIPAC y el Lobby celebraron el acuerdo como un hito histórico, destacando que, en términos económicos, “ninguna otra administración estadounidense en la historia ha hecho más por la seguridad de Israel”.
“Este es el mayor compromiso de asistencia militar a cualquier país en la historia de Estados Unidos”, resumió la consejera de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Susan Rice. Quien añadió que aunque no es posible predecir el futuro, “lo que sí sabemos, y lo que este memorando de entendimiento subraya, es que Estados Unidos siempre estará ahí para el Estado de Israel y el pueblo israelí, hoy, mañana y durante muchos años por venir”.
Israel y su Lobby, sin embargo, no estaban satisfechos.
La victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre de 2016 ofreció una nueva oportunidad. Los multimillonarios Sheldon (finado) y Miriam Adelson, los mayores donantes individuales del Partido Republicano, condicionaron su apoyo a que Trump y los candidatos al Congreso se opusieran a Irán y aseguraran su respaldo incondicional a Israel. La Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD) actuó como el cerebro operativo de la campaña contra el pacto nuclear, el JCPOA. John Bolton, un “halcón” aliado del Lobby al que Trump nombró nuevo asesor de Seguridad Nacional, se encargó de eliminar la resistencia interna de las figuras más pragmáticas.

También la había en Israel: Netanyahu actuó en contra de la opinión de gran parte del establishment de seguridad israelí, que se manifestó a través de exjefes del Mossad, el Shin Bet y la Inteligencia Militar que argumentaron que, aunque imperfecto, el JCPOA era preferible a un Irán sin restricciones. Figuras como el general retirado Yitzhak Ben Israel consideraron que la presión para reventar el acuerdo fue “el peor error estratégico en la historia de Israel”.
En abril de 2018, bajo el lema “Irán Mintió”, Netanyahu realizó una presentación televisada en inglés con diapositivas para revelar lo que llamó el “Archivo Atómico” de Irán, supuestamente robado por el Mossad. Aunque la comunidad de inteligencia europea y muchos expertos señalaron que la información correspondía a actividades anteriores a 2003, que ya eran conocidas y que el acuerdo precisamente buscaba controlar, la maniobra proporcionó la cobertura política y el pretexto narrativo que Trump buscaba para justificarse al romper en mayo un acuerdo firmado por Estados Unidos y avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU.
El Lobby consiguió que Trump traspasara y borrara políticas de Estado al trasladar la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, con lo cual reconoció a esta ciudad como “capital indivisible” de Israel, cumplió una promesa hecha a sus grandes donantes Sheldon y Miriam Adelson y a la base cristiana sionista de CUFI, y rompió la legalidad y el consenso internacionales; que admitiera la soberanía israelí sobre el territorio sirio ocupado de los Altos del Golán, igualmente en contra de la Carta de la ONU; y nombró a Elan Carr, miembro del Consejo Nacional de AIPAC, como Enviado Especial para Monitorear y Combatir el Antisemitismo, metiendo al Lobby a la estructura interna del Departamento de Estado. Desde esa posición, Carr declaró oficialmente que el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel) es una manifestación de antisemitismo.
Trump aseguró que las sanciones económicas y la presión militar le permitirían forzar la mano de Irán para obligarlo a aceptar sus términos, pero no lo consiguió antes de que terminara su mandato ni el de su sucesor, Joe Biden. A su retorno a la Presidencia, en enero de 2025, Israel e Irán estaban embarcados en una espiral de ataques de represalia, en la que Teherán contestaba de manera limitada —para salvar cara y tratar de cerrar el ciclo—, pero que Netanyahu invariablemente escalaba, con el objeto de crear una situación de riesgo para Israel que forzara el involucramiento de EEUU.
La presión sobre Trump siguió creciendo hasta que ordenó la Operación Martillo de Medianoche, el ataque con misiles del 13 de junio de 2025 contra las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahan, que dio por totalmente destruidas sin que la CIA lo confirmara. Ante la alarma internacional por la escalada y las violaciones a la soberanía iraní, el Lobby se movilizó de inmediato para definir la narrativa en Occidente.
AIPAC, FDD y otros grupos emitieron declaraciones coordinadas afirmando que “No se puede confiar en Irán” y que la única opción viable era el “desmantelamiento completo” del programa nuclear, validando la intervención militar como un servicio a la seguridad global.
Así llegamos a este momento en el que Trump, como si acabara de descubrir el problema, movilizó al portaaviones Abraham Lincoln, con tres destructores y otras naves de apoyo, a las cercanías, y exige que Irán “se siente rápidamente ‘a la mesa’ y negocie un acuerdo justo y equitativo —SIN ARMAS NUCLEARES— que sea bueno para todas las partes”.
No hay armas nucleares y habían llegado a un acuerdo bueno para todas las partes… hasta que Trump lo incumplió y destruyó.

Israel y sus aliados en EEUU tienen otras formas de manipular la política y las decisiones estratégicas de Washington.
Jeffrey Epstein no se dedicaba a esclavizar sexualmente a chicas solo para diversión de sus amigos. Aunque así lo presenten los medios, el objetivo era muchísimo más ambicioso, como te explicamos aquí:
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