Invadir Irán, mucho más difícil que Irak y Afganistán (pero Trump cree que ganó el Mundial)
Campaña de apoyo a que la Dra. Helen Bassem Hwaihi de Gaza estudie en México
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Acabamos de empezar a hacer comentarios en video, buscando qué acomoda mejor al proyecto. Búscalos en mis redes como @temoris:
Comunicado del Colectivo de Gaza a México
México puede y debe ayudar a la Dra. Helen Bassem Hwaihi
Fue aceptada por universidad mexicana para seguir estudiando medicina
Embajada de México en Egipto le exige presentarse para pedir visa
No puede salir de Gaza sin visa
Exigen facilitar y priorizar su caso
Proponen abrir programa educativo mexicano para profesionales palestinos
En medio de la catástrofe humanitaria en Gaza, la Dra. Helen Bassem Hwaihi, médica cirujana palestina, ha sido aceptada por una universidad en la Ciudad de México para continuar su formación profesional. Este es el primer caso documentado de una médica graduada de Gaza admitida en una institución mexicana tras el inicio del genocidio; una oportunidad para reafirmar la tradición humanitaria de México, priorizando la vida y el derecho a la educación sobre cualquier obstáculo administrativo.
Sin embargo, su vida corre un peligro inminente y directo, agravado por su condición de trabajadora de la salud en un escenario donde el personal médico es atacado de forma sistemática por Israel. El Estado mexicano le exige una entrevista presencial fuera de Gaza —en Egipto, Jordania o cualquier consulado regional—, un requisito imposible de cumplir bajo el bloqueo absoluto.
La respuesta de la Embajada de México en Egipto raya en la crueldad burocrática: con total indiferencia, la oficina se lava las manos argumentando que “no contempla entrevistas virtuales” y que “no tiene facultades para gestionar la salida” de la doctora. Al exigirle una comparecencia física sabiendo perfectamente que el bloqueo militar impide a cualquier persona abandonar el territorio, las autoridades mexicanas ignoran que su labor médica la convierte en un blanco y convierten un trámite consular en una sentencia de muerte. Cada segundo cuenta; ignorar esta imposibilidad equivale a darle la espalda en medio de un genocidio.
A sus 26 años, la Dra. Hwaihi, coautora del libro The Blood on My Hands, asiste en cirugías de emergencia en los hospitales Al-Shifa y Nasser, donde atiende a cientos de heridos bajo fuego. Además, colabora con NORWAC (Comité Noruego de Ayuda), una organización de ayuda médica voluntaria e independiente que opera en Gaza. La Dra. Mimi Syed, reconocida internacionalmente por su labor médica en Gaza, destaca el valor de Helen: “Fue mi traductora, mi confidente y mi roca en los quirófanos bajo fuego. Ella no solo sobrevivió, salvó a otros. Su presencia en México sería un acto de justicia y un aporte invaluable a la medicina”.
El Colectivo de Gaza a México (DGAM) exige una interpretación humanitaria de la norma, tal como lo han hecho países como España e Irlanda al habilitar entrevistas consulares virtuales. La inacción actual contraviene los principios de solidaridad y debida diligencia en derechos humanos. Exigencias al Estado Mexicano:
1.Adaptación procedimental: Habilitar de forma inmediata la entrevista consular virtual para eliminar la barrera física.
2.Facilitación diplomática: Coordinar una salida segura que reconozca el perfil de riesgo de la Dra. Hwaihi.
3.Acción Presidencial: Instar a la SRE a priorizar este caso bajo criterios de urgencia humanitaria, honrando la tradición de asilo de México.
4.Refugio académico: Sentar las bases para un programa de protección que permita a otros profesionales palestinos y palestinas acceder a la educación en México.
La llegada de la Dra. Hwaihi sería un acto de justicia y un compromiso real con la salud pública. Ella ha expresado su firme voluntad de integrarse a la comunidad médica mexicana y servir a comunidades con menor acceso a servicios de salud. No es un trámite migratorio, es el derecho a la vida y a la educación. México debe responder.
Julio Astillero y yo nos quedamos solos este martes porque Diana Fuentes y Arnoldo Cuéllar se fueron de pinta. Y Julio me preguntó sobre un tema que no esperaba: la cobertura de conflictos y la huella que nos deja en el corazón.
Invadir Irán, mucho más difícil que Irak y Afganistán (pero Trump cree que ganó el Mundial)
Por Témoris Grecko
Pocas veces se ha visto con tal claridad la ironía del rey desnudo como con Donald Trump. Y en especial, en la entrega de la Copa Mundial de Futbol, cuando se subió a celebrar con la selección española como si él hubiera sudado en la cancha, mientras los jugadores se burlaban de él —uno de ellos, haciendo el bailecito Trump en su la cara del presidente de Estados Unidos— y el bufón Infantino intentaba sacarlo de ahí, frente a la mayor audiencia registrada en la historia, de 2 mil 200 millones de personas.
Es mucho más grave cuando se considera que el monarca Trump no entiende que no entiende que empezó una guerra que no necesitaba y que perdió dramáticamente, y que insiste en reavivar y prolongar con todas las expectativas en contra.
Una manera de verlo es que él festeja mientras sigue provocando muertes por capricho. Otra es que continúa humillando a su propio país y hundiendo el ya dañado prestigio de la gran potencia.
Salvo los halcones más enceguecidos y sus seguidores más fanáticos, en Estados Unidos de izquierda a derecha advierten que seguir escalando las hostilidades con Irán va en perjuicio del país, y hace más complicado hallar una salida.
Pero en el apetito de Trump y su incapacidad de aceptar la derrota (al fin que no es él ni son sus hijos los que ponen en riesgo la vida), según los analistas, crecen opciones que contemplan una invasión terrestre, bien sobre islas o incluso en el corazón de Irán.
Los observadores se cansan de recordarle que Irán es muchísimo más complicado que Irak y Afganistán… y que en esos dos países, las tropas estadounidenses han sufrido desastres.
Los iraníes no parecen muy asustados… colocaron este espectacular de Trump en un ataúd.
¿Qué hace diferente a Irán?
Tamaño y terreno. Irán es casi cuatro veces más grande que Irak. De hecho, con más de 1.6 millones de km², es mayor que Irak, Siria y Afganistán juntos. A diferencia del llano desierto iraquí —ideal para las ofensivas relámpago de columnas blindadas que tomaron Bagdad en 2003—, Irán está protegido por grandes cordilleras, las de Zagros y Alborz, que actúan como un muro natural en el oeste y el norte.

Población y capacidad de movilización. Irán tiene más de 90 millones de habitantes —más del triple que el Irak de 2003—, con una población en edad de servicio estimada en 41 millones. No haría falta que todos combatieran: como en Irak y Afganistán, una fuerza insurgente relativamente pequeña pero decidida puede sostener una guerra durante años.
Tropas necesarias. Mientras Irak en 2003 requirió cerca de 300 mil soldados para la fase inicial y un pico de ocupación de 160,000, y Afganistán llegó a un máximo de 100 mil, los cálculos publicados para Irán van de 500, mil a un millón de efectivos —un umbral que ningún análisis considera políticamente viable en Estados Unidos hoy.
La capacidad actual es mucho menor: Estados Unidos mantiene una fuerza permanente de unos 50 mil militares desplegados en Asia Occidental. Para reforzar esta presencia y la campaña de ataques en el conflicto con Irán, el Pentágono ha enviado unas 10 mil tropas adicionales, (entre marinos, aviadores y marineros).
Doctrina militar iraní. A diferencia del ejército iraquí de Saddam (centralizado y colapsó rápido) o de los talibán (una insurgencia rural sin estructura de mando formal), Irán opera bajo una estrategia de mosaico: estructuras de mando descentralizadas —el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI) funciona en 31 unidades semiautónomas— combinadas con disposición a ceder territorio para atraer a una fuerza invasora y desgastarla. El 28 de febrero, al iniciar la guerra, la poderosa ofensiva aérea de EEUU e Israel mató no solo al líder supremo de Irán, sino que también eliminó tres niveles de liderazgo. Algo que los iraníes habían previsto y para lo que estaban preparados: no hubo caos ni confusión, sino un ordenado reemplazo de mandos. Quitar a un líder no descabeza el sistema.
El elemento que ni Irak ni los talibán tuvieron: una red regional de aliados ya desplegada. Hezbolá, los hutíes y las Fuerzas de Movilización Popular en Irak forman parte de lo que Irán llama el “Eje de Resistencia”, integrado en las propias estructuras estatales de esos países. Ni el iraquí Saddam Hussein ni el mulá talib Omar tenían una red multinacional capaz de abrir frentes simultáneos en el momento en que las tropas estadounidenses entraran.
El arsenal de misiles: tampoco lo tuvieron Bagdad ni Kabul. Carecían de misiles balísticos de precisión capaces de alcanzar bases de retaguardia, aeródromos e instalaciones portuarias en países vecinos. Irán los tiene y ha devastado las bases estadounidenses en la zona. Esto significa que la cadena logística —el eslabón que en Irak solo era vulnerable a emboscadas locales de convoyes— puede ser atacada en su punto de origen, en Jordania, Kuwait y otras partes del Golfo Pérsico.
El estrangulamiento económico: más efectivo que la bomba nuclear. Benjamin Netanyahu acumula 30 años asegurando que Irán construiría un arma atómica en 3 meses. Siempre mintió. Pero Irán tiene un arma más eficaz: el control del Estrecho de Hormuz, vital para la economía mundial. La bomba nuclear es disuasoria y de un solo uso, previo a la destrucción total. El Estrecho se puede abrir y cerrar, sin causar daños incalculables pero golpeando donde duele, y sin arriesgar la destrucción total.
El contraargumento: ”Irán no es Irak”, en sentido favorable a Washington. Vale mencionarlo porque también es parte del debate: analistas cercanos a Trump argumentan que lo que hizo de Irak un desastre no fue el cambio de régimen en sí, sino que Irán inundó el país de milicias para expulsar a Estados Unidos; según esta lectura, un cambio de régimen en Irán eliminaría la fuente del caos en vez de desatarlo. Sin embargo, esa lectura aplica sobre todo a una campaña aérea, no a una invasión terrestre con ocupación, contemplada en los cuatro escenarios que estudian los analistas estadounidenses.
A los estadounidenses, que se quejan de que Trump invierte el presupuesto en guerras y no en mejorar la economía, no les encanta que a su presidente le importe más enriquecer a la industria militar.
Escenario 1: Toma o bloqueo de la isla Kharg y/o islas del Estrecho de Hormuz
Riesgo militar inmediato: una fuerza expedicionaria limitada (marines, fuerzas aerotransportadas) podría lograr el objetivo táctico —controlar la isla Kharg, que maneja el 90% de las exportaciones de crudo iraní— en días. Pero cualquier concentración de tropas estadounidenses se convierte de inmediato en blanco de los misiles balísticos iraníes.
Riesgo militar de largo plazo: sostener el control exige degradar defensas costeras y mantener presencia persistente en un entorno disputado; incluso si Kharg cae, Irán conserva más de 2 mil kilómetros de costa en el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán desde donde amenazar el tráfico marítimo con misiles, drones, minas navales y lanchas rápidas. Ocupar la isla no resuelve el problema que originó la operación.
Impacto económico: este es el escenario con mayor efecto inmediato en el mercado energético global —la Agencia Internacional de Energía ya calificó el cierre parcial del Estrecho como la disrupción de suministro más aguda de la historia del mercado—, pero paradójicamente una toma militar de Kharg podría prolongar, no acortar, esa disrupción si Irán responde saboteando otra infraestructura.
Costo humano: relativamente contenido en la fase de toma inicial (comparable a la fase inicial de Irak: 139 muertos estadounidenses en las tres primeras semanas de combate en 2003), pero con riesgo alto de escalar si Irán decide pelear, como se cree que hará. Los soldados estadounidenses se convertirán en sitting ducks, en patos sentados ante las escopetas.
¿Estancamiento tipo Irak/Afganistán? Riesgo moderado-alto. No es una ocupación territorial completa, pero si Washington decide mantener Kharg para garantizar el flujo de crudo —en vez de una incursión breve—, se convierte en una guarnición permanente bajo fuego constante, un escenario más parecido a las bases estadounidenses en Irak entre 2004 y 2011 que a la invasión inicial.
Escenario 2: Operación aerotransportada/heliportada contra instalaciones nucleares (tipo Isfahán, a mayor escala)
El objetivo declarado es apoderarse del uranio enriquecido que posee Irán y sacarlo del país. Pero si esto fuera posible, no derribaría al régimen, no terminaría con su programa de misiles y drones ni eliminaría su capacidad de volver a enriquecer uranio.
Riesgo militar inmediato: este es el escenario con el antecedente empírico más directo —la operación contra la región central de Isfahán de abril de 2026, que según fuentes iraníes fue detectada rápidamente por la defensa aérea local y sufrió pérdida de aeronaves (al menos un A-10 y dos Black Hawk, según Teherán; la versión oficial estadounidense matiza esas pérdidas). El riesgo inmediato es la detección temprana: la llegada de aeronaves grandes en un área confinada genera una firma térmica y visual difícil de ocultar.
Riesgo militar de largo plazo: el más grave de los cuatro en términos de riesgo de escalada incontrolable, porque unos 400 kilogramos de uranio enriquecido podrían estar dispersos en ubicaciones desconocidas. Cualquier operación de extracción eleva el riesgo de error de cálculo y respuesta desproporcionada, incluyendo la posibilidad de que el material sea usado como elemento de presión o sabotaje por Irán mismo.
Impacto económico: menor en lo inmediato que el escenario 1 (no toca directamente infraestructura petrolera), pero con potencial de disparar sanciones y una crisis de proliferación que tendría efectos económicos y diplomáticos globales de mediano plazo si se confirma dispersión de material fisible.
Costo humano: concentrado en fuerzas especiales (bajo número de tropas, pero de alto valor y alto riesgo por operación); el general retirado Steve Anderson dijo que ir “a Isfahán o Fordow a intentar recuperar material nuclear” sería “un desastre absoluto”.
¿Estancamiento tipo Irak/Afganistán? Riesgo bajo de estancamiento territorial (no busca ocupar terreno), pero riesgo alto de convertirse en el detonante de una escalada de la que ya no se puede salir. La ambición de Trump sería dar un único golpe dramático que rompa el estancamiento estratégico. Pero ese tipo de apuesta de alto riesgo y bajo margen de error es, históricamente, la que más produce escaladas no planeadas.
Escenario 3: Escalada asimétrica sostenida, sin invasión declarada
Riesgo militar inmediato: relativamente bajo para tropas estadounidenses en el corto plazo, porque evita el contacto terrestre directo. Pero incluso una coalición regional (países del Golfo y Jordania) actuando sin involucramiento operativo directo de EEUU, tropieza con una “asimetría de capacidades”: los Estados del Golfo carecen del poder naval integrado y la capacidad antiaérea para neutralizar la amenaza asimétrica iraní por sí solos, lo que en la práctica arrastraría a Washington de todos modos.
Riesgo militar de largo plazo: es un escenario de desgaste puro. Irán ya iguala ataques a infraestructura energética con ataques análogos en el extranjero, lo que sugiere una escalada horizontal (más países arrastrados) antes que vertical (invasión).
Impacto económico: el más corrosivo en el tiempo, porque no hay un punto final claro. Es la lógica del “estrangulamiento mutuo”: ni Hormuz se reabre completamente ni el conflicto se resuelve, con presión inflacionaria sostenida en el precio del petróleo.
Costo humano: el más disperso geográficamente —Irak, Líbano, Yemen, Catar— y por eso también el más difícil de contabilizar y el más difícil de detener con una sola decisión política.
¿Estancamiento tipo Irak/Afganistán? Este es, paradójicamente, el escenario más parecido a un pantano en el sentido clásico: no hay victoria decisiva posible, no hay salida negociada visible, y el costo se acumula mes tras mes sin que ningún actor tenga incentivos para ceder primero. Para EEUU, es más parecido a Vietnam (o a Yemen para Arabia Saudí) que a Irak en 2003.
Escenario 4 — Guerra regional total (incluye invasión terrestre de facto)
Riesgo militar inmediato: catastrófico y multidimensional. Si las operaciones de combate duran más de dos semanas, Estados Unidos se encontraría en una situación casi imposible de sostener, sobre todo si el estrecho de Hormuz permanece cerrado, porque los destructores y cruceros que protegen a los portaaviones agotarían rápidamente su inventario de misiles defensivos y tendrían que recargar en Bahréin, lo que sería inviable con el estrecho bloqueado, forzando el repliegue de los portaaviones.
Riesgo militar de largo plazo: ocupación y contrainsurgencia: aquí es donde la comparación con Irak y Afganistán se vuelve explícita y más severa que ambos precedentes. EEUU tendría que hundirse en una fase de contrainsurgencia de entre uno y diez años, enfrentando la resistencia asimétrica de millones de miembros descentralizados del CGRI y las milicias Basij, con estimaciones de 1,500 a 3 mil bajas estadounidense por año. Esta cifra superaría el desgaste visto en sus peores momentos en Irak y Afganistán.
Al igual que en Irak y Afganistán, una difícil de alcanzar derrota del ejército iraní sería una victoria efímera, seguida casi con certeza de un desgaste sangriento y abierto con una insurgencia.
Impacto económico: el escenario con mayor costo fiscal. El Pentágono está solicitando un aumento presupuestal de 200 mil millones de dólares; una guerra terrestre total agotaría además las reservas de misiles Tomahawk e interceptores Patriot/THAAD, que ya están muy mermadas, obligando a reponer inventario a costa de disminuirlo en Ucrania y el Pacífico Occidental. De manera que el costo no sería solo fiscal sino estratégico-global.
Costo humano: el más alto de los cuatro escenarios, con un patrón que ya se observa en la guerra actual —por cada soldado estadounidense muerto, aproximadamente 100 civiles— y que en fase de ocupación se agravaría por el uso de tácticas de guerra urbana y decentralizada por parte de las fuerzas de resistencia iraníes.
¿Estancamiento o derrota tipo Irak/Afganistán? Este es el escenario donde el consenso es más unánime y cruza el espectro ideológico: la mayoría de los analistas militares considera una invasión y ocupación integral de Irán como estratégicamente riesgosa y políticamente improbable precisamente porque repetiría a mayor escala los elementos que los hicieron fracasar en Irak y Afganistán: población mucho mayor, terreno mucho más defendible, y una fuerza de resistencia que puede recurrir a las mismas lecciones de guerrilla urbana y descentralización que Estados Unidos ya enfrentó dos veces en dos décadas.
Trump no tiene consenso ni entre los suyos
Ningún análisis serio —ni siquiera los más favorables a la intervención— sostiene que una ocupación terrestre de Irán sería más fácil que Irak o Afganistán. El argumento de que “Irán no es Irak” se refiere exclusivamente a la campaña aérea ya en curso, no a un escenario de invasión y ocupación.
En el momento en que la conversación pasa de bombardeo a invasión y permanencia —los escenarios 1, 2 y sobre todo 4 de este análisis—, se forma un consenso: todas las variables estructurales (tamaño, población, terreno, doctrina de defensa en profundidad, arsenal de misiles, red regional de milicias aliadas) apuntan a un desgaste más severo, no menor, que el que sufrieron en los dos conflictos previos.
La diferencia no es si Irán “es peor” que Irak y Afganistán en abstracto, sino que combina los problemas de ambos —el tamaño y la resistencia estatal organizada que faltó en Afganistán, más la capacidad de insurgencia descentralizada y el terreno hostil que hundieron a Irak— y le añade uno que ninguno de los dos tenía: la capacidad de cerrar una de las arterias energéticas más importantes del planeta desde el primer día.
Pero Trump… Trump se creía llegando a la cumbre del futbol.
El diario The Guardian publicó esta foto con un curioso texto:
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