Los legitimadores del genocidio fracasaron (pero Ezra Shabot aún no se da cuenta)
Réplica argumentada y detalladamente documentada al artículo publicado por Nexos
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Los legitimadores del genocidio fracasaron (pero Ezra Shabot aún no se da cuenta)
Esta es una réplica al artículo del comunicador Ezra Shabot titulado “Genocidio” (disponible aquí), que publicó Nexos en Línea
Por Témoris Grecko
Ante el genocidio nazi, el Bund, el partido de los judíos socialistas, decidió resistir. Aliarse con la clase obrera polaca para combatir la invasión alemana. El sionismo hizo lo contrario: buscó a Hitler, a cuyos ministros llevó de paseo a Palestina y con quienes pactó el Acuerdo de Haavara (transferencia) para hacer lo que Hitler quería: sacar a los judíos de Europa.
“El sionismo, de hecho, siempre ha sido inseparable del antisemitismo”, escribió Henryk Erlich, el líder del Bund. “Los sionistas se consideran ciudadanos de segunda clase en Polonia. Su objetivo es ser ciudadanos de primera clase en Palestina y convertir a los árabes en ciudadanos de segunda clase”.
No fue la primera ni la última vez que judeófobos y los sionistas se aliaron porque tienen el mismo objetivo: convertir un problema cristiano y europeo, el racismo contra los judíos, en un problema de otros, fuera de Europa.
El historiador Avi Shlaim, israelí nacido en Irak, recuerda que la convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes iraquíes era buena hasta que el agente del Mossad Max Bennett dirigió una campaña de ataques con bomba contra sinagogas, provocó el pánico e Israel sacó a 120 mil judíos iraquíes de su país.
La limpieza étnica sionista de Palestina en 1948, la Nakba, expulsó a 750 mil palestinos de sus hogares y creó una ola de indignación en los países árabes y musulmanes que en algunos sitios adoptó tintes antijudíos.
Entonces como ahora, la judeofobia es alimentada por el sionismo, que al insistir en la mentira de que una ideología es igual a un pueblo (que sionismo es igual a judíos), provoca que los crímenes de Israel sean atribuidos a millones de personas inocentes.
Nadie pone en peligro a los judíos del mundo como Israel.
Y el descargo es inútil: el comunicador Ezra Shabot publicó en Nexos una pieza de propaganda en la que los judeófobos son los musulmanes (no empleo el término “antisemita” porque al utilizarlo como munición de disparo automático, lo han vaciado y banalizado) y los sionistas son corderos que se ven forzados a masacrar niñas y niños. Atribuye todos los crímenes a otros y justifica los propios, los cometidos por el sionismo.
Pero solo los sionistas lo validan. Entre las muy escasas verdades que ha dicho Donald Trump están las que, según él mismo, le arrojó a Netanyahu: “Todo el mundo odia a Israel. Todo el mundo te odia”.
Las editoras de Nexos se cuidaron de precisar que la postura de Shabot es su “responsabilidad exclusiva” porque saben que es insostenible para cualquier mirada crítica. Que es una vergüenza porque trata de hacer un doble juego: justifica el genocidio al mismo tiempo en que niega que exista.
Como si fuera un experto en el tema y, todavía peor, como si estuviera abriendo la discusión sobre si hay genocidio o no, aunque en realidad acabó en 2025, Shabot recurre a argumentos simplones ya muy manidos, y a uno nuevo: según él, si se denuncia que Israel comete genocidio en Gaza, se acepta implícitamente el argumento ruso de que Ucrania cometía genocidio en el Donbás y en Crimea.
Siéntese señor. Muchos hombres de la guerra pueden decir que hay genocidio aquí y allá, según sus intereses. ¿Cómo puede eso invalidar que hay genocidio donde los académicos y las organizaciones que sí saben lo que significa e implica declarar un genocidio lo han hecho?
Porque eso ya está asentado en todos los ámbitos menos en uno, que por su naturaleza demora demasiado, pero cuya resolución es predecible por el cúmulo de informes que nutren su corpus de análisis: el del Tribunal Internacional de Justicia.
Pero vamos por partes: para beneficio del Sr. Shabot y del público, haré una reseña breve de cómo sabemos que lo que él niega —haciéndose cómplice intelectual de un genocidio—, está ocurriendo.
Es la conclusión de cinco informes de las relatorías especiales de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados (empezando por “Anatomía de un genocidio”) y sobre la Violencia Contra las Mujeres y las Niñas; del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos; del Comité Especial de la ONU para Investigar las Prácticas Israelíes que Afectan los Derechos Humanos del Pueblo Palestino; y de manera muy significativa (explicaré por qué al final), la Comisión Independiente de Investigación mandatada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
A Israel no le agrada la ONU. Al menos eso parece porque su embajador se dio el gusto de plantarse en la tribuna ante la Asamblea General a triturar el documento de estatutos que le dio origen. A ese nivel llega su desprecio por el orden internacional. Así es que puede ser que el Sr. Shabot nos diga que de la misma forma debemos ignorar y pisotear sus informes.
¿Qué sí le parecerá de respeto? ¿Las organizaciones defensoras de derechos humanos? ¿Amnistía Internacional? ¿Human Rights Watch? ¿La Federación Internacional de los Derechos Humanos? ¿La Red Universitaria por los Derechos Humanos? Porque cada una de ellas publicó sus reportes sobre el genocidio en Gaza en 2024, hace dos años. ¿No los vio don Ezra?
Quizás quiera pensar que los que sí saben de genocidio solo son los doctores en medicina. ¿Le gusta el informe de Médicos Sin Fronteras?
O quizás prefiera Médicos por los Derechos Humanos porque tiene una sección en Israel… que junto con la organización israelí B´Tselem publicó el informe “Nuestro genocidio”. ¡Oh no! ¿Cómo es que israelíes se atreven a reconocer, además de documentar y explicar, que como ciudadanos de Israel el exterminio que lleva a cabo su gobierno es responsabilidad colectiva?
Nop, temo que ese menos le va a gustar al Sr. Shabot.
¿Quizás el del Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio? Ese centro debería agradarle porque guarda el legado de Raphael Lemkin, nada menos que el pensador judío que creó el término “genocidio”. Pero quizás lo va a acusar de prematuro, porque publicó su documento “Por qué llamamos al ataque israelí en Gaza genocidio” en diciembre de 2023, y aunque para muchos de nosotros ya quedara claro lo que estaban haciendo, para Ezra pasan años y simplemente no lo va a aceptar.
¿Y los rabinos? ¿Qué tal el Consejo Rabínico de Voz Judía por la Paz? Bueno, puede que Ezra haya hecho su bar mitzvah pero no sea religioso, algo muy común, y no se sienta representado.
Vale. Entonces… ¿qué tal los académicos? ¿Los expertos estudiosos del genocidio y más precisamente del holocausto?
Hace justo un año, la Asociación Internacional de Académicos del Genocidio (IAGS) votó una resolución que declara que las acciones de Israel cumplen la definición legal de genocidio.
O sea, para que lo entienda el Sr. Shabot: el debate académico terminó ahí.
Los sionistas buscaron y hallaron a una persona que rechazó lo que la mayoría aprobó. Da igual, porque esto representa el máximo consenso académico global.
Shabot va a decir que hubo fraude, ratón loco, alquimia, chanchullo. Que le ponga a figuras, individuos que él sí respete.
¡Genial! ¡Va, Ezra! Atento:
¿Qué tal Omer Bartov? Era sionista de cepa. Uno de los expertos del holocausto más citados y queridos en Israel. Multipremiado. Hasta que el año pasado publicó en el New York Times su ensayo titulado: “Soy un académico del genocidio. Reconozco uno cuando lo veo”. Es el de Gaza.
Otros: Amos Goldberg, historiador y reconocido experto en genocidio y Holocausto, dio a Le Monde la entrevista titulada: “Lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio porque Gaza ya no existe”; Lee Mordechai, destacado académico israelí y profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, dio a The National la entrevista cabeceada: “Académico israelí acusa a su país de cometer genocidio en Gaza”; William Schabas, uno de los principales expertos mundiales en derecho del genocidio, dio a The New Arab la entrevista “Nuestros enemigos cometen genocidio, nuestros amigos no”, sobre el doble rasero (ahí te hablan, Ezra) al denunciar los crímenes de Israel en Gaza; tras el falso cese al fuego, Raz Segal, historiador y profesor de estudios sobre el holocausto y el genocidio, publicó en The Guardian el artículo titulado “El genocidio en Gaza está lejos de haber terminado”.
O Avi Shlaim, que publicó el libro “Genocidio en Gaza: Israel, Hamás y la larga guerra contra Palestina”.
Puestas las cosas así, Shabot solo se puede refugiar en que la Corte Internacional de Justicia todavía no resuelve el juicio contra Israel, que admitió desde enero de 2024 porque encontró que la acusación es plausible y ordenó medidas cautelares que Israel simplemente ignoró. No le importará que el otro tribunal de La Haya, la Corte Penal Internacional, ordenó la captura de Netanyahu y Gallant por crímenes contra la humanid, porque abiertamente la quieren destruir.
Pero la CIJ va a emitir sentencia en ya no mucho tiempo. Y sabemos en qué sentido va, porque todos estos informes y declaraciones son sus insumos básicos. Especialmente, los que Shabot desprecia porque son de la ONU: tendrá que enterarse que son los que más peso probatorio tienen. De manera especial, el de la Comisión Independiente de Investigación del CDH, citado arriba.
No hay ninguno, en cambio, que le dé sustento a la postura de Israel.
La historia está escrita. Israel pasa a la historia como Estado genocida. Sus legitimadores también, como cómplices de genocidio. Que nos traten de convencer de que no hay genocidio porque eso sería darle la razón a Putin es tan eficaz como que nos sigan disparando acusaciones de antisemitismo con su ametralladora de pompas de jabón.
Para desgracia de la humanidad, el genocidio es insoportablemente innegable.
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