¿Cómo puede Irán confiar en un EEUU que acostumbra violar acuerdos y un Israel que ya empezó el sabotaje?
Flotilla Sumud zarpa a Gaza el 12 de abril / Festival Yallah! pro-Palestina en Huerto Roma (CDMX)
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¿Cómo puede Irán confiar en un EEUU que acostumbra violar acuerdos y un Israel que ya empezó el sabotaje?
Por Témoris Grecko
El New York Times documentó lo que era un secreto a voces: Netanyahu engañó a Trump para provocar la ofensiva contra Irán. Sus asesores militares y de inteligencia advirtieron que Israel exageraba sus argumentos, como es su costumbre, para enredar a EEUU, pero Trump quiso creer que podían destruir el programa de misiles balísticos y cambiar el régimen en pocos días.
Muy pronto se halló perdiendo la guerra y lanzando amenazas mezcladas con insultos en su desesperación por salir de ella, hasta aceptar una pausa de dos semanas con una agenda de discusión definida por Teherán en la que tendrá que negociar desde una posición peor que la que tenía antes de abrir fuego.
Netanyahu, por supuesto, ya empezó a sabotear el acuerdo alegando que no incluye una tregua en Líbano, a pesar de que él no fue consultado, nadie le pidió opinión. En ataques israelíes de hoy miércoles contra Beirut, ya se reportan más de 300 víctimas entre muertos y heridos.
Su objetivo evidente es descarrilar el proceso. Habrá que esperar a la reacción de Irán, que actúa bajo una premisa obvia: un cese al fuego en el que Israel sigue abriendo fuego, como ha hecho repetidamente con Palestina, Líbano y el propio Irán, no es un cese al fuego y no se puede aceptar.
Trump sigue dibujando fantasías: asegura haber logrado cambiar el régimen iraní por uno “mucho menos radical” y que Teherán renuncie al enriquecimiento de uranio, aunque el líder supremo que asesinó fue reemplazado por su hijo, más radical, y a pesar de que quienes definieron la agenda fueron los iraníes y en su punto 10 exigen con claridad el respeto a su derecho al enriquecimiento nuclear.
El problema de fondo, en todo caso, es que ni Washington ni Tel Aviv respetan los compromisos que firman. En 2015, Irán llegó a un acuerdo “definitivo” con el gobierno de Barack Obama, la Unión Europea y Rusia, que fue avalado por el Consejo de Seguridad y, aun así, simplemente desechado por el mismo Trump en 2018. Ese es el origen de la situación que ahora ha llevado a la muerte de miles de personas y una destrucción masiva en varios países. Y después, una y otra vez, Irán ha sido atacado mientras se llevaban a cabo negociaciones, y los negociadores, fueron asesinados. Trump llegó a burlarse de ello alardeando de que tenían miedo de nombrar reemplazos.
Además, sucesivos gobiernos de EEUU han demostrado su incapacidad de controlar a Israel y su falta de voluntad para tomar represalias en las numerosas veces en que ha saboteado las iniciativas de Washington.
Aunque Irán ha sufrido lo peor en muertes y daños, su fuerza yace en su capacidad de resistir y debilitar las defensas enemigas, sobre todo provocando el agotamiento de sus misiles interceptores. Teherán, que ya padeció 12 días de ataques aéreos en junio, no se puede permitir un cese al fuego que sirva para que sus rivales se reabastezcan de municiones y lo vuelvan a atacar en seis meses o unos pocos años, mientras que su industria productora de misiles y drones ha sido duramente golpeada y no le será fácil reponerse.
¿Cómo puede Irán llegar a acuerdos con Estados Unidos confiando en que los respetará y se asegurará de que Israel no los destruya?
La agenda iraní que Trump aceptó
En su decálogo de discusión, Irán dejó fuera una de sus principales exigencias, la de que EEUU retire sus bases militares en el Golfo Pérsico. Esto es todo lo que ha conseguido Trump. En cambio, Washington ahora tiene que discutir paz permanente con garantías, tregua en Líbano, alivio de sanciones, un nuevo régimen en el Estrecho de Ormuz que le daría el control e ingresos a Irán, y el reconocimiento de sus derechos nucleares.
Esta es la agenda que, con la mediación de Pakistán, Trump debió aceptar:
1) Garantías de seguridad: Una garantía vinculante de que Irán no volverá a ser atacado en el futuro.
2) Paz permanente: Una transición hacia el fin definitivo de la guerra, en lugar de una serie de ceses del fuego temporales.
3) Fin de los ataques en el Líbano: Un cese inmediato de las operaciones militares israelíes contra Hezbolá en el Líbano.
4) Alivio de las sanciones: El levantamiento de todas las sanciones estadounidenses e internacionales impuestas a Irán.
5) Cese de las hostilidades regionales: Un acuerdo más amplio para poner fin a todos los combates regionales contra los aliados de Irán.
6) Apertura del estrecho de Ormuz: A cambio de lo anterior, Irán acepta levantar su bloqueo de facto y reabrir el estrecho de Ormuz.
7) Tasas de tránsito: La introducción de un protocolo para el paso seguro que incluye una tasa de 2 millones de dólares por buque que transite por la vía marítima.
8 ) Reparto de ingresos: Irán propone dividir estos derechos de tránsito con Omán, país vecino del estrecho.
9) Financiación para la reconstrucción: Irán utilizará su parte de los derechos para reconstruir la infraestructura destruida por los ataques estadounidenses e israelíes, en lugar de exigir reparaciones financieras directas.
10) Derechos de enriquecimiento nuclear: Reconocimiento del derecho de Irán a enriquecer uranio en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).
Muchas personas se extrañan de que no haya nada sobre Palestina. Teherán no parece haber creído que su capacidad negociadora alcanzara para lograr cambios en ese tema.
El problema de la confianza
Para el gobierno de Irán —cuya estructura de mando fue diezmada en los ataques de febrero—, acuerdo de largo plazo debe asegurar que su liderazgo y la infraestructura no sean vulnerables a un ataque oportunista una vez que se detengan las hostilidades.
La desconfianza en el alivio de sanciones ha llevado a la propuesta iraní de reparaciones de guerra pre-negociación. A diferencia del JCPOA (el pacto con Obama), donde el acceso a fondos iraníes congelados por EEUU era gradual y reversible, Irán exige ahora cobrar directamente el tránsito por el Estrecho de Ormuz para financiar su reconstrucción. Este requisito busca invertir la lógica de la palanca: en lugar de que EEUU retenga el dinero para asegurar el cumplimiento iraní, Irán retiene su cumplimiento hasta que el capital esté asegurado.
El Estrecho se ha consolidado como la principal herramienta de disuasión de Irán. La propuesta iraní para un acuerdo duradero incluye el reconocimiento internacional de su derecho a imponer peajes y tarifas de tránsito, similar al modelo del Canal de Suez o los estrechos turcos. Irán busca convertir la seguridad energética global en una fianza para su propia seguridad nacional. Bajo este esquema, cualquier ataque futuro contra Irán justificaría legalmente el cierre total del estrecho, lo que dispararía los precios del crudo, causando un daño sistémico a la economía global que actuaría como un disuasivo automático.
La transición hacia un acuerdo que sea respetado y sobreviva a los intentos de sabotaje israelíes, requiere un cambio de paradigma desde la “confianza” hacia el “costo compartido”.
En primer lugar, Teherán solo se mantendrá en la mesa de negociaciones si el acuerdo incluye reparaciones financieras tangibles y un mecanismo de soberanía energética sobre el Estrecho de Ormuz que funcione como un seguro de vida geopolítico. Las promesas de futuros gobiernos estadounidenses han demostrado que son inútiles, solo el capital en mano y el control de los flujos de petróleo pueden ofrecer la garantía de seguridad que buscan después de haber sido atacados sistemáticamente durante procesos de paz previos.
En segundo lugar, la contención de Israel por parte de Washington no puede ser solo diplomática. Requiere una integración física de supervisión militar estadounidense en territorio israelí y un condicionamiento explícito de la ayuda de defensa. Estados Unidos debe mostrarse dispuesto a sancionar a Israel y a permitir que enfrente consecuencias diplomáticas y legales en foros internacionales si decide actuar unilateralmente contra un proceso de paz.
Finalmente, la arquitectura de seguridad debe dejar de ser bipolar (EEUU — Irán) para volverse multilateral e inclusiva. La inclusión de potencias regionales como Pakistán, Omán y los Estados del Golfo como “garantes de implementación” con intereses económicos directos es la única forma de crear una malla de protección que impida que cualquier actor individual descarrile la estabilidad lograda.
Esto incluye a China, cuya seguridad energética depende de un tránsito fluido por el Estrecho de Ormuz. Pakistán ya la está involucrando en un nuevo esquema de seguridad regional que está creando en coordinación con las otras potencias de la zona: Arabia Saudí, Egipto y Turquía.
Estas son malas noticias para Washington y también para Tel Aviv: el objetivo de Netanyahu es destruir las capacidades de todo posible rival para consolidarse como el poder incontestable de la región incluso si pierde el apoyo de EEUU. Pero su comportamiento irresponsable, que no reconoce legalidad internacional, buena fe negociadora ni la seguridad e intereses de sus aliados, ha provocado que queden a la vista los límites del poder de ambos países y que se busquen otros equilibrios en donde tengan menos importancia.
El golpe está dado, en cualquier caso, y hay amplias posibilidades de que se reinicie el fuego y de que prosigan los conflictos por años o por décadas, mientras no se ponga orden en el que quedó confirmado como principal factor regional de desestabilización: el etnoestado israelí.
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